El costo de la no-anticipación: tres escenarios COVID-19 al 2022

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Hector Casanueva

Según el think tank global de prospectiva y estudios de futuros, The Millennium Project, estamos tan sobrecargados con información de todos lados y fuentes, expertos, médicos, analistas económicos, políticos, funcionarios de salud pública y de los medios de comunicación, que es difícil obtener una imagen coherente de las posibles direcciones futuras de la pandemia de COVID-19.

En su reciente informe (http://www.millennium-project.org/covid-19/), de libre acceso, con tres escenarios para la COVID-19 al 2022, elaborado a petición de la Cruz Roja de los EE-UU., cuyos datos y conclusiones tienen un alcance global, hay interesantes preguntas de base para elaborar escenarios posibles y probables, que es de lo que se ocupa la prospectiva.

La pandemia de COVID-19 presenta desafíos fundamentales para todos los elementos de nuestra sociedad. Comprender cómo se desarrollará este complejo evento, los vínculos causa-efecto y los impactos en nuestras vidas será fundamental para crear respuestas efectivas.

¿Cuándo podremos volver a la normalidad? ¿Las vacunas acabarán con la pandemia? ¿Se propagará el virus más en América Latina, África y el sur de Asia antes de regresar a los Estados Unidos de América con mutaciones que harán que los tratamientos y vacunas anteriores sean menos efectivos? ¿Surgirá un liderazgo mundial para gestionar la pandemia planetaria? ¿Se convertirá la recesión mundial en depresión? ¿Este “tiempo de espera” global conducirá a innovaciones sociales, económicas e institucionales del mismo modo que la Segunda Guerra Mundial condujo a reformas de las Naciones Unidas y de otras instituciones internacionales?

Estudiando las tendencias y datos, y situándose en el mediano y largo plazo, estas y otras incertidumbres se organizan y evalúan a través de tres escenarios, que dependen fundamentalmente de que seamos o no capaces -autoridades y sociedad- de tomar las decisiones adecuadas ahora. Es decir, de tener o no visión prospectiva y capacidad anticipatoria.

Para la prospectiva estratégica, un escenario es una historia que conecta el presente con una condición futura, con vínculos plausibles de causa y efecto, eventos y decisiones a lo largo de la narrativa. En este caso, los tres escenarios se elaboraron y evaluaron con paneles de expertos interdisciplinarios, a partir de cuatro cuestionarios con metodología Delphi en Tiempo Real.

El primer escenario, se denomina “America Resiste” (América Endures), es el escenario más probable, producto de decisiones buenas y malas, y una combinación de elementos. Los resultados no serían suficientes, la vacuna no ha sido suficiente, con una eficacia de solo el 55% y una baja respuesta de la población a la vacunación. Este escenario contiene secciones sobre vacunas, tratamientos, pruebas, rastreo de contactos, acciones de la comunidad local, malestar hospitalario, países de bajos ingresos, cierres periódicos y parciales, impactos económicos y colaboración internacional. Aborda una posible recesión en los Estados Unidos que conducirá a depresiones en muchas partes del mundo. Como resultado, los recursos médicos y de salud pública se tambalearon de un lado a otro a medida que COVID-19 continuó aumentando y resurgiendo, mientras el hemisferio norte ingresaba a la temporada de gripe por segunda vez durante la pandemia en esta temporada 2021/2022. Podría decirse que este panorama es de continuidad lineal de la situación actual, por lo tanto, no es el deseable.

El segundo escenario, se denomina “Depresión, Arrogancia y Discordia”, es un escenario negativo plausible, producto de malas decisiones, discordia social y política. En esta opción, las cosas van a peor. Este escenario revisa los últimos 2 años, presenta las deficiencias de una estrategia que, dada la demora en reconocer sus amenazas, no ha sido coherente y oportuna para abordar la pandemia. Las medidas tomadas por algunos estados y gobiernos locales llegaron demasiado tarde. Como resultado, a principios de 2022, unas 600.000 personas habrían muerto de COVID-19 en los Estados Unidos de América, y cientos de miles más habrían muerto a causa de las consecuencias indirectas de la pandemia. En su punto máximo, el número de nuevas infecciones identificadas alcanzaría las 70.000 diarias. No hay esperanzas de una vacuna probada y eficaz en el corto plazo, la incertidumbre complica las estrategias que se basan tanto en el seguimiento de la infección como en la desaceleración de la velocidad de la mutación del virus. Muchas de las suposiciones iniciales sobre COVID-19 han resultado ser ingenuas no hay esperanzas de una vacuna probada y eficaz en el corto plazo. Sigue habiendo muchas incertidumbres, lo que complica las estrategias que se basan tanto en el seguimiento de la infección como en la desaceleración de la velocidad de la mutación del virus. El equívoco inicial en torno al valor de las mascarillas indudablemente causó algunas de las muertes. La falta de estrategias claras también condujo a un desastre social y económico; la inflación ha aumentado a casi el 10%, las empresas, pequeñas y grandes, quebraron y una recuperación en forma de "K" está ampliando la brecha entre quienes ganan en el mercado de valores y quienes sufren cada vez más las consecuencias de la pandemia.

El tercer escenario se denomina “Las Cosas salieron Bien”, es un escenario positivo plausible, que se podría generar producto de buenas decisiones y una ciudadanía responsable. Se llega a esta opción cuando los políticos desconcertados dieron un paso atrás, los escépticos guardaron silencio y los expertos en políticas y salud pública finalmente pudieron trabajar sin ser molestados. Se ha logrado crear un contexto para aprovechar al máximo las innovaciones médicas y vacunas efectivas. La coordinación frenó el contagio. Finalmente, Estados Unidos de América restableció la colaboración y coordinación internacional, que incluyó trabajar con la Unión Europea y con China, así como la reincorporación a la Organización Mundial de la Salud y los esfuerzos de colaboración global para desarrollar y desplegar vacunas a nivel mundial, así como equipos médicos y terapias.

Cabe recordar que ya en su Informe “State of the Future” de 1997, el Millennium Project advertía: “El aumento de las migraciones masivas y los viajes internacionales propagan enfermedades más rápidamente que en el pasado; el aumento de la urbanización y la densidad de población aceleran e intensifican la capacidad de paralizar la vida tal como la conocemos”. Lo que ha reiterado sistemáticamente año tras año, con datos y estudios contundentes.

El estudio cita también a la revista Science, que hace unos meses señalaba que el costo estimado del daño económico provocado por la pandemia hasta ahora era de 2,6 billones de dólares (2,6 millones de millones de dólares), pero que en diez años podía ser diez veces más. Mientras que una inversión en prevención equivalente solamente al 2% de estas cifras, asignando 30 mil millones de dólares anuales, sería suficiente para anticiparse y reducir este y otros riesgos pandémicos.

Según Stuart Pimm, investigador de la Universidad de Duke, citado en la revista Science, “la inversión en prevención bien podría ser la mejor póliza de seguro para la salud humana y la economía global en el futuro. Podríamos detener pandemias antes de que comiencen”,

Protegiendo los ecosistemas y la vida silvestre con el objetivo de detener futuras crisis provocadas por virus se podría reducir sustancialmente los riesgos de una nueva epidemia planetaria, de acuerdo con el análisis de la revista Science, ya que existen dos factores clave donde hay que poner el foco para prevenir la expansión de los virus: el comercio de vida silvestre y la destrucción de los bosques. Cada uno de estos sectores ha contribuido con dos de las cuatro enfermedades emergentes que han aparecido en los últimos 50 años: Covid, Ébola, SARS, VIH. El riesgo de que surjan nuevos virus puede mitigarse si se capacita a más personas en el monitoreo, la detección temprana y el control de patógenos en el comercio de vida silvestre, y trabajando con las comunidades locales para minimizar los riesgos de exposición y transmisión posterior.

El Informe COVID-19 al 2022 del Millennium Project es un estudio muy completo y detallado, del que podemos enunciar algunas cuestiones claves que permiten llamar la atención fundamentalmente sobre el enorme costo de no haber anticipado este escenario actual, y no haber preparado a las instituciones y a la sociedad toda para enfrentar una emergencia anunciada como esta:


  • Poner todas nuestras esperanzas en una vacuna para acabar con la pandemia de COVID no es prudente.
  • La diferencia entre los mejores y peores escenarios es gigantesca; el resultado se determinará durante los próximos meses mediante acciones públicas que incluyan el uso de mascarillas, el distanciamiento físico, el lavado de manos y evitar las multitudes en interiores.
  • Lo peor está por venir: los mayores impactos sanitarios, financieros, económicos y psicológicos están por venir.
  • La pandemia está aumentando la desigualdad. Un liderazgo pandémico de toda la nación que conecte los planes nacionales y las acciones de la comunidad local debe anticipar un mayor apoyo para las personas sin hogar, los desempleados y las necesidades de seguridad alimentaria.
  • Una estrategia para toda la nación, un comportamiento público responsable, un liderazgo estratégico y una coordinación internacional pueden mejorar drásticamente la situación.
  • Un liderazgo de Estados Unidos con el G-7, la OMS y las instituciones financieras internacionales acortaría los impactos negativos.
  • Se necesita apoyo financiero para la distribución de la vacuna a los países de ingresos más bajos para prevenir los continuos retornos del virus con el potencial de mutaciones que impactan la eficacia de la vacuna.

  • Algunas de las opiniones de los expertos se sitúan en cuestiones como definir el nivel de tolerancia que supondrá una mayor apertura de la economía. Si 50% abierto significa 3-5% infectado y 100% significa 8% infectado, entonces la apertura tendría sentido; si 100% aumenta la tasa al 24%, no es asumible. Asimismo, se considera que la mala gestión de los procedimientos, agotarán al personal hospitalario.

    Otros de los resultados de los estudios Delphi, se centran en la urgencia de establecer un ingreso básico flexible, sobre todo que los efectos económicos de la pandemia en el empleo y la precariedad de los sectores pobres lleva a una fatiga social que podría generar más violencia en la temporada de gripe de otoño / invierno.

    Asimismo, hacer inversiones de banda ancha para llevar Internet a las comunidades rurales y desfavorecidas, y crear un sistema de protección del suministro de alimentos.

    Prevenir además con políticas y regulaciones, que la economía informal crezca y el crimen organizado se apodere de este sector.

    COVID-19 es una llamada de atención para la comunidad sanitaria mundial de que las inversiones en la prevención de una pandemia, incluidos los sistemas de alerta temprana y vigilancia, son inevitables y no negociables. Si bien es comprensible que el enfoque actual esté en la respuesta inmediata, es fundamental que la importancia de la prevención de una pandemia no se pase por alto. La presión para crear o mejorar enormemente un sistema de alerta temprana crecerá hasta convertirse en una alta prioridad para los gobiernos; la sociedad lo demandará mientras exista un alto nivel de conmoción. Tener tal sistema parece ahora más de sentido común, pero con Estados Unidos dejando la OMS, la creación de tal sistema se vuelve menos probable. 


    Héctor Casanueva

    Vicepresidente del Consejo Chileno de Prospectiva y Estrategia

    Miembro del Planning Committee The Millennium Project Global Futures

    Studies & Research. Académico de la Universidad de Alcalá y Miguel de Cervantes.

    Ex embajador de Chile