¿Cómo enfrentar la crisis?

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Mario astorga (columnista)


Chile está viviendo una de las principales crisis de su historia, y sin lugar a dudas la principal crisis desde la recuperación de la democracia. Son varias las dimensiones de esta crisis.

Una de la más grave es la crisis de legitimidad de la política, reflejada en el escaso apoyo que tienen hoy los poderes del Estado, en especial el legislativo y el ejecutivo, incluyendo entre ellos a las autoridades de gobierno, los partidos políticos, dirigentes políticos y parlamentarios. Más del 70 por ciento de la población no se siente interpretada por ninguno de ellos. Un Gobierno y un Parlamento deslegitimado es lo peor que nos puede pasar cuando una salida constitucional a la crisis política solamente puede provenir del gobierno y parlamento ¿O ya estamos acariciando la posibilidad de una salida inconstitucional? ¿Estamos dispuestos a tirar por la borda nuestro historial democrático sólo empañado por los 17 años de dictadura? Por otra parte, es indudable que sí más del 70 % de la población, no se siente interpretado por los dirigentes y autoridades políticas ya sean de extrema derecha pasando por todos los colores hasta la extrema izquierda, cualquier acuerdo que ellos conduzcan va carecer de legitimidad, y posiblemente no va a detener la violencia en las manifestaciones, que comienza a ser la voz mayoritaria de la ciudadanía. La salida de la crisis obliga a ampliar a través de mecanismos orgánicos, los referentes del poder Ejecutivo y Poder legislativo para extender su legitimidad.

Por otra parte, está la crisis económica y el impacto que tendrán en el crecimiento las acciones de saqueo y violencia. Nadie puede desconocer que el crecimiento es un fundamento inevitable para el desarrollo nacional; la destrucción de medios de transporte y daños a la infraestructura vial obligará a las familias a destinar más horas para acceder y regresar de los establecimientos educacionales, lugares de trabajo y para comprar en comercios y farmacias lejos de su hogar lo que necesitan para sobrevivir. Este empobrecimiento, en varias horas, de su calidad de vida tendrá seguramente un impacto negativo en su productividad laboral y educacional. Adicionalmente, ¿En cuánto se puede valorar el menor aporte a la economía de las PyME que han perdido parte o todo su patrimonio?, o que no han podido abrir y que difícilmente podrán recuperar los daños a lo acumulado toda una vida de trabajo y seguir generando el empleo. Recordar que las PyME aportan más del 60% del empleo nacional.

Desgraciadamente hay varias voces que intentan relativizar la destrucción irracional de los últimos días, comparándola con el denunciado saqueo que durante 5 décadas han realizado al país algunas grandes empresas y grupos económicos, algunas mineras que han que se han apropiado de recursos naturales, o empresas que han recibido gigantescos beneficios tributarios ilegítimos, o que se han coludido para robarle a los consumidores, o que han hecho cohecho para conseguir leyes favorables, o que han comprado favores a funcionarios del sector público, o que han hecho abuso de posición dominante en contra de sus PyMEs proveedoras y distribuidoras, etc. Todos sabemos que esta lista es larga y que si hubiera total transparencia sería casi interminable; sin embargo, es impresentable jugar al empate cuando lo que está en juego es el destino de Chile. El saqueo de algunas grandes empresas y grupos económicos en los últimos 50 años NO JUSTIFICA el saqueo y la destrucción de bienes públicos y privados ocurridos en los últimos días, porque todos ellos significan menos impuestos para el Estado, menos trabajos para las familias y menos servicios para las personas atendidas por ellas; por lo tanto no solo reducen los patrimonios privados, sino que atentan contra el Patrimonio Nacional y el bienestar de TODOS los chilenos, especialmente los más humildes. Esto es aún más paradójico si se considera que bajo el manto protector de las manifestaciones pacíficas se han escondido, con la complacencia de varios de sus dirigentes políticos, grupos anarquistas y anti sistema, a los cuales solo les interesa la destrucción de cualquier sistema y cualquier Estado que no sea la anarquía, y bajo ese manto de marchas pacíficas se han ocultado también cientos de delincuentes comunes y microtraficantes y revolucionarios extranjeros. ¿Por qué avalamos con el silencio su acción destructiva de bienes y servicios que pertenecen a toda la sociedad?

La tercera crisis es la crisis generalizada de confianza. Nadie cree en nada ni en nadie. No solo las empresas y las instituciones políticas generan recelos profundos; hoy en día todas las instituciones del país tienen más detractores que promotores, las iglesias, bomberos, policías, FFAA entre otras. ¿Como se construye un nuevo Pacto Social si la desconfianza es lo único común entre los actores que debieran firmarlo?

Cada una de estas tres crisis es altamente compleja: crisis de legitimidad en lo político, crisis de valoración en lo económico, y crisis de confianza entre los actores de la sociedad, pero habiéndose producido las tres en paralelo son casi imposibles de manejar. Cualquiera de los tres tipos de crisis, si no son enfrentadas simultáneamente con cordura, inteligencia y amor por Chile, pueden hacer que la CRISIS General se extienda más allá de cualquier pronóstico.

Sin embargo hay un cuarto tipo de crisis, que creo más preocupante que todas las anteriores. Es la crisis MORAL. Hay un hedonismo latente en la sociedad, “todo lo que es bueno para mi es bueno”, independiente que dañe a terceros. La principal muestra de ese hedonismo es el individualismo a ultranza, que deteriora la relación en las familias cada vez a más temprana edad. La pérdida de todas las autoridades; de los padres, que producto de largas jornadas de trabajo son vistos como meros proveedores y desprovistos de su rol de formadores; de los profesores que a vista y paciencia de la sociedad han ido perdiendo toda autoridad formativa, especialmente en los valores.

Se ha hablado mucho en estos días de los errores y atentados a los DDHH de Carabineros al controlar algunas situaciones de violencia y saqueo; algunas son lamentables y otras francamente repudiables; pero hemos visto muchas otras violaciones de derechos humanos que se han viralizado, sin recibir ninguna o muy poca sanción. Me choca el video del Diputado Boric increpando groseramente a un soldado, a sabiendas que él estaba protegido por su fuero parlamentario, pero que el soldado no podía ni actuar ni defenderse. O la pobladora que tocó insistentemente la cacerola en la oreja de un soldado, sin detenerse ni por un segundo a pensar que se trataba de una persona con los mismos DDHH que ella; o las burlas y risas de la multitud cuando dos carabineras eran presas del fuego provocado por bombas molotov; o los “chistosos” que están obligando a los conductores a bailar antes de otorgarles el paso, sin detenerse a pensar que no hay nada más denigrante para un ser humano que verte forzado a hacer algo porque el otro tiene la fuerza bruta. O la empresa que quitó su apoyo a una canal de TV porque la opinión de ciertos periodistas no le gustaba. ¿Queremos una sociedad donde “el que pone la plata pone la música” de las noticias que se transmiten? Ese episodio muestra lo divido moralmente que está el país. Me llegó la carta que el empresario envió al canal por dos chats distintos. Un grupo, coherentemente, apoyaba al empresario y requerían que otros siguieran su ejemplo e invitaban a dejar de comprar los productos que se publicitaran en dicho canal; el otro grupo, también coherentemente, criticaba el fascismo latente en la conducta del empresario. El mismo Chile, una misma situación y dos lecturas diametralmente distintas.

Esta crisis, la crisis MORAL, es seguramente la más grave y más difícil de resolver. Es esa crisis moral la que nos permitió “acumular” 528.000 NINIs sin tomar medidas urgentes para recuperarlos para la sociedad; esa misma crisis permitió que las pensiones de algunos jubilados fueran la décima parte de su sueldo activo, cuando se les había prometido un 75%; esa misma crisis permite que los pobladores sepan un día antes cuando van a haber redadas contra los microtraficantes en su barrio; esa misma crisis moral ha incoado el cohecho, la colusión y el abuso de posición dominante en contra de las PyME; esa misma crisis ha anulado la autoridad de los maestros y de muchos padres; esa misma crisis MORAL ha permitido “ignorar” los conflictos de intereses en algunos cargos públicos. Esa misma crisis hace que ciertos partidos políticos apoyen la democracia en los países que son oposición y a la vez apoyen las dictaduras cuando están en el gobierno.

Lo más grave de la crisis moral es que debe ser resuelta al menos en conjunto con las otras crisis ¿Cómo se llega a cuerdos si unos lo ven como una táctica para el golpe final y otros lo ven como un acuerdo de largo plazo?; ¿Cómo hacer un Nuevo Pacto Social si algunos estarán buscando como vulnerar los acuerdos para mantener las prebendas?

El primer paso para resolver la aguda CRISIS MORAL es el reconocimiento de la propia culpa, de las veces que vimos vulneraciones a los derechos de otros y miramos para el lado porque nos convenía o nos interesaba; de las veces que no fuimos sensibles al sufrimiento de otros, de las veces que solo nos movió nuestro egoísmo y no el bien común en las decisiones políticas y sociales. La lista es larga, todos podemos empezar un acto de contrición público o privado, es la base para que la superación de la crisis moral nos permita superar las otras crisis y alcanzar un Nuevo Pacto Social legítimado.


Mario Astorga de Valenzuela