​Estoy molesto con Dios

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Mario astorga (columnista)


Al menos no lo estoy entendiendo. ¿Por qué le dio la capacidad de intuir los procesos socio-políticos futuros a quien no es capaz de lograr que su mensaje tenga eco?

Hace cinco años, en mis columnas en el Diario Estrategia comencé a vaticinar que el nivel de corrupción vía cohecho, abuso de posición dominante, uso de información privilegiada, colusiones, cursos de ética para los millonarios y cárcel para los que roban una gallina, y los miles de atentados contra la justicia y equidad en la salud, la educación, las pensiones, el agua , etc. estaban a punto de rebalsar el vaso de la paciencia de los más necesitados y vulnerables, y de buena parte de la clase media. Allí escribía que si no corregíamos a tiempo esas injusticias e inequidades que Dios nos pillará confesados cuando viniese el estallido social.

Por aquella época el Partido Comunista y el Frente Amplio, y algunos dirigentes de otros partidos de centro-izquierda creían que la única verdadera solución y primera prioridad para Chile era convocar a una Asamblea Constituyente.

Meses después, viendo cuan rápidamente se desplomaban la mayoría de los liderazgos, políticos, religiosos, e institucionales, hacía un llamado un Urgente a un Pacto Social, mientras todavía nos quedasen en pie algunos liderazgos creíbles para la mayoría de la sociedad.

El PC y el FA seguían insistiendo que la única solución posible era la AC.

Al despertar Chile de los abusos y humillaciones de un sistema económico que ha convertido al hombre en mercancía y que limita su valía a su capacidad de demandar en el mercado, y luego de los primeros días de protesta, escribí lo que cualquier buen observador podía ver. Señalaba que es insensato meter en un mismo saco a todos los que participan en las protestas, que había que separar la protesta de la violencia, pillaje y destrucción. Clamaba que era urgente y necesario aislar a anarquistas y antisistema, porque no están en contra del sistema neoliberal; sus rayados de muros y acciones son contra del Estado y lo serán contra cualquier otro sistema no autárquico que lo reemplace a futuro. Era fácil observar también que, así como en todas las manifestaciones de los últimos años, participaban en las protestas gente que se siente fuera del sistema, muchos de ellos NINIs que tienen mucho tiempo, ya que ni estudian ni trabajan, que no plantean una demanda o una propuesta de soluciones específicas para la sociedad, sino sencillamente, y algunos dirán con justicia, quieren reflejar su odio contra una sociedad que no fue capaz de integrarlos; parte de la violencia también viene de delincuentes comunes, sabemos que hay muchos en Chile, los que aprovechan cualquier oportunidad para desarrollar su actividad delictiva, especialmente ahora que están amparados por las movilizaciones y demandas legítimas de una gran mayoría. Hay evidencia también de la participación de algunos extranjeros financiados desde el exterior, quienes participan ilegalmente en la política nacional; también se “manifiestan” algunos microtraficantes con sus propias motivaciones. Junto a ellos, en una misma protesta ha habido millones de ciudadanos que quieren que Chile transite mucho más rápidamente hacia una patria donde la dignidad, la justicia y la equidad no estén casi exclusivamente en manos de los que más tienen. A muchos de los dirigentes políticos de centro izquierda y prácticamente todos de izquierda y extrema izquierda les ha faltado la hombría para reconocer a los muy distintos actores y objetivos que se mezclan en las protestas y les ha faltado coraje para apoyar moralmente al Estado a enfrentar a los antisistema y delincuentes. El resultado electoral es “supuestamente mejor” para esos dirigentes si se abultan los errores de las fuerzas de Orden metiendo en el mismo saco de las violaciones a los DDHH a quienes fueron sorprendidos violando leyes de la República y atacando en forma violenta a carabineros, con aquellos manifestantes pacíficos que se vieron envueltos en la acción policial. Dichos dirigentes, para magnificar el error, han preferido proteger bajo el manto de la legítima protesta a antisistemas y delincuentes. Esa falta de hombría ha inmovilizado a un débil gobierno y a las Fuerzas de Orden, dejando indefenso al Estado de Chile.

En las últimas semanas ha habido un gigantesco cambio en el escenario del país, pero aparentemente no es así para el PC y el FA porque siguen ofreciendo la misma solución que hace 5 años, la AC.

Ya parece haber acuerdo que la gravedad de la situación obliga a establecer un Nuevo Pacto Social pero la poca legitimidad que los ciudadanos le otorgan al Gobierno y al Congreso hacen necesario ampliar los referentes del Ejecutivo y del legislativo. La razón de lo anterior es que los acuerdos entre el Gobierno y la oposición serán, hoy en día, ilegítimos para el 70% de los conciudadanos que ya no confían ni en los partidos, ni en las autoridades de gobierno, ni en los líderes políticos. Un acuerdo entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, en este momento, llevará a invertir los recursos del Estado en pretendidas respuestas a las demandas ciudadanas, pero que por su origen ilegítimo ( como la Constitución de Pinochet) carecerán de credibilidad para la mayoría de la ciudadanía. ¿Como se puede ampliar la legitimidad de esos poderes del Estado? En el caso del Ejecutivo con un Gobierno de Unidad Nacional, al que todos los invitados tienen la obligación de sumarse. En el caso del Congreso invitar como asesores e incluso supeditarse a un Consejo de Hombres Buenos, elegidos desde las organizaciones sociales y políticas que aún no están contaminadas por la ola de desconfianza e ilegitimidad. Instituciones que se han ganado en la calle su merecido prestigio con el trabajo de sus voluntarios y por los millones de beneficiarios que han atendido. Ambos pasos permiten aprovechar la institucionalidad de nuestra democracia representativa para hacer los cambios urgentes y que hoy, después y gracias a las movilizaciones, son posibles. Paralelamente se pueden discutir los mecanismos para acordar si necesitamos modificar la Constitución o una totalmente nueva. Si la mayoría opta por una nueva, definir el mecanismo a través del cual se hará: AC, plebiscito, actual Congreso, Cabildos vinculantes, Asamblea Constituyente elegida aleatoriamente, etc.

Hasta el momento mis intuiciones han sido certeras y lo que estoy viendo a futuro, me hace tener pesadillas. Veo con pavor que por un lado se están creando las condiciones para que una gran mayoría de ciudadanos se empiecen a manifestar en contra de la violencia, porque esta les está arruinando sus vidas; Miles de PyME afectadas que están quebrando, porque no tienen seguros como la gran empresa, y deberán despedir a sus trabajadores ( no olvidar que el 60% del empleo lo proveen las PyME), pobladores que deben destinar horas adicionales para llegar a y desde el trabajo o para comprar alimentos y remedios producto del saqueo al Metro y TransSantiago; el pavor vivido en los barrios donde se repiten día a día las manifestaciones, bombas lacrimógenas, rotura de cristales, perdigones en personas y en la propiedad, etc.; por otra parte comienzan a aparecer las demandas específicas de ciertos sectores (como los camioneros en relación al TAG) que implican una diáspora entre los protestantes que no se sienten interpelados por esas demandas. Mi pesadilla es que cuando el grupo que pide no más violencia se haga mayoritario, será el mejor momento para quienes no quieren cambios. Es mucho más fácil para el gobierno ceder frente a la demanda del PC y el FA de una nueva constitución que hacer proyectos de ley que respondan a las demandas más escuchadas en las manifestaciones, más dignidad, aumento del salario mínimo y de las pensiones vía reformas o NO +AFP, mejoras en la salud o NO + ISAPRES, mejoras sustantivas en la calidad de la educación pública. Mi pesadilla es que el gobierno responderá a la demanda por una nueva Constitución, a sabiendas que dicha materia no está entre las 5 principales prioridades de la mayoría que se ha movilizado. Así tendremos meses de discusión sobre el mecanismo para modificar la Constitución, y una vez definido el mecanismo deberemos darle por lo menos dos años a ese grupo para escribir una nueva Constitución. Mi pesadilla se hace peor porque veo que el gigantesco y orgulloso movimiento comenzará a disgregarse, porque las familias deben proveerle pan a sus hijos, sin que hayan visto la luz respuestas a las demandas de la ciudadanía que salió a manifestarse pacíficamente, solo con respuestas a las demandas del PC y el FA, ahora secundados por el gobierno. 


Mario Astorga De Valenzuela