​El marxismo detrás de las protestas

|

Enrique Goldfarb (columnista)


Hay evidencia que Chile ha sido víctima del marxismo, detrás del así llamado Foro de Sao Paulo. Este organismo recoge partidos y movimientos marxistas de toda América Latina, al cual concurren por parte de nuestro país, entre otros, el PC, el PS y el Frente Amplio, los mismos que han rechazado el llamado al dialogo que le extendió el presidente Piñera. La misma OEA ha documentado la nueva política que los subversivos han decidido llevar a cabo, que consiste en extender gobiernos marxistas en el continente, al estilo del Ché Guevara, pero con métodos más sofisticados. Maduro lo admitió en un video que ha circulado profusamente.

Si alguno bueno se desprende de la desgracia que nos ha azotado, es que ahora sabemos que hay un largo brazo de Maduro, secundado, asesorado y sostenido por la milicia cubana, y financiado por el abundante dinero del narcotráfico, vivito y coleando en nuestro país, lo que no se veía desde que los militares chilenos expulsaron a los cubanos después del pronunciamiento militar de 1973. Desconociendo los pasos que pretende dar la autoridad, aparte de los anuncios ya conocidos de la Agenda Social y otros como las reuniones con la ciudadanía en sus diferentes estratos (me imagino y espero que habrá intensos movimientos bajo cuerda), en ausencia de lo ya conocido como los nombrados más la invitación que el presidente ha hecho a las comisiones de DDHH de distinta índole, nacionales e internacionales, lo cierto es que si se remite a lo políticamente correcto, el país habrá dado un importante paso a un gobierno comunista, partícipe de cuanta organización subversiva exista en el mundo.

Como tal, es bueno saber algunas cosas del marxismo. Lo primero es que la ideología marxista se quedó con un diagnóstico de la sociedad que consistía en la explotación de la burguesía al proletariado, que no le daba lo que este merecía, que los explotadores serían cada vez menos y los explotados más, lo que conduciría a la erradicación de la burguesía y a un gobierno del proletariado.

Sin embargo, Marx no diseñó un modelo de economía marxista, salvo un vago mensaje de “de cada cual de acuerdo a su capacidad y a cada cual de acuerdo a su necesidad”. Lo que más se asemeja es el estatismo representado por Keynes, pero que en una economía plenamente marxista no aplica, ya que desaparecen los impuestos, o más bien, todo es un impuesto, y no hay gasto privado o público, ya que todo es esto último. Si bien no conocemos la economía marxista si sabemos sus resultados: fracasos totales doquiera hubiera prevalecido, con una sola excepción. La excepción es China, la segunda potencia mundial, que vio la luz hace 50 años, cambiándose al capitalismo.

Como la solidaridad es escasa entre los seres humanos, los sistemas marxistas conllevan inevitablemente a una dictadura, sea formal y completa como la de la URSS o matizada como la de Maduro. Como a nadie le gusta dar de acuerdo con su capacidad, sin ser debidamente remunerado, el experimento bolivariano le ha costado a Venezuela 5 millones de exiliados, donde el 10% anida en Chile. Luego, tanto los pobres venezolanos, así como los chilenos, no tendremos un Chile o una Venezuela que nos cobije cuando reine el comunismo en nuestra sociedad.

Si Piñera desató expectativas sobredimensionadas, esta protesta ha desatado expectativas monumentales. Así, por ejemplo, a una señora que se encontraba en una manifestación, ayer, al 6º día del inicio de las protestas, le preguntaron si estaba conforme con lo prometido por el presidente, y contestó que no era suficiente. O sea, se encontraba protestando con el nuevo trato, con el enorme respaldo de haber visto con sus propios ojos que las protestas y los desmanes logran lo que no logra la política. Como no es difícil adivinar que el descontento sigue igual sino mayor, por la esperanza de éxito, es fácil comprender por qué el paso siguiente e inevitable es una dictadura, o el fin de la democracia.

El primer postor es por supuesto, y después de los hechos, una dictadura comunista. Pero también puede surgir otro tipo de dictadura. Cualquiera que asegure gobernabilidad porque como los ciudadanos no han comprendido, una sociedad sin autoridad es ingobernable e inaceptable.

La moraleja de esto, es si queremos mantener la democracia, y más aún, si queremos progresar económicamente, mejor portémonos bien, ya se dieron el tremendo gustazo, y después de la borrachera, hay que ir a trabajar el lunes.  


Enrique Goldfarb