Grandes detalles tributarios

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Enrique Goldfarb (columnista)Me tocó ver de cerca la gestación del sistema tributario que rigió hasta antes de la desintegración tributaria. Fue en los años que los políticos hacían caso omiso de las claves que hacen que una economía crezca y se desarrolle, dando bienestar a toda su gente. El “modelo” vino a hacer la gran rectificación en dos aspectos fundamentales: primero, al reparar que al gravar tanto las utilidades de las empresas como las rentas de las personas, se estaba duplicando la tributación. Segundo, y tanto o más importante que lo anterior, era el hecho que el impuesto a las ganancias de las empresas conllevaba un impuesto a la inversión, ya que la parte de las utilidades retenidas estaban siendo objeto de gravamen.

La idea era gravar las rentas efectivamente percibidas, lo que se acercaba a poner un impuesto específico al consumo, alentando el ahorro y la inversión. Los artífices de tan ingenioso como virtuoso esquema tributario fueron el entonces ministro de Hacienda Jorge Cauas, y el infatigable Director de Presupuestos, Juan Carlos Méndez, quien hoy no nos acompaña.

Este sistema tributario llevó a que fuera calificado por los especialistas como el mejor del mundo. Y loas aparte, un soporte fundamental al desarrollo excepcional de la economía chilena en los años en que el sistema perduró. Podríamos decir que la desintegración del sistema tributario representó la vuelta a la prehistoria económica, un desarrollo en marcha atrás, en donde se vició el motor que hace que las economías crezcan. Y los causantes de este desaforado, que ahora pretenden continuar, abre las puertas para que finalmente se acabe el combustible del crecimiento.

Parte del parlamento busca compensar la desintegración con una rebaja del impuesto corporativo. Se dice que hay una cifra que produce tal equivalencia (una rebaja de dos a cuatro puntos porcentuales), y que la insistencia del gobierno de volver a la integración es obstinación.

Sin embargo, tal como hoy se rebaja el impuesto a las empresas, mañana se puede volverlo a subir. La inagotable sed de gasto fiscal que nos caracteriza augura tal posible futuro. Pero si se cierra la puerta, eso hace que la vista se vuelva a lo esencial, solamente poner impuestos a las rentas de las personas y no a las empresas, que son el vehículo del ahorro. No es obstinación la del gobierno sino claridad conceptual.

Aquí hay un ejemplo de que el gobierno no quiere abandonar principios en pos de una negociación. 


Enrique Goldfarb