La ciencia de la economía circular a las puertas de COP25

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Dentro de la extensa agenda de COP25, la Economía Circular tendrá su espacio protagónico como uno de los caminos para avanzar hacia la sostenibilidad. Pero ¿qué sabemos sobre ella? Algunos datos para comprender avances y desafíos.

La producción científica sobre Economía Circular ha crecido constante en los últimos 15 años. En 2014 se publicaron 33 artículos científicos en revistas indexadas a nivel internacional, en 2018 este número escaló a 760. La expectativa para 2019 es superar esta cifra.

China lidera la producción científica en este campo, con el 12.58% de las publicaciones totales entre 1995-2019, seguida de Inglaterra, Italia y España. El 40.26% de las investigaciones se desarrolla en 4 países, de los cuales 3 son de Europa más el gigante de Asia. También destacan Suecia, Finlandia y Dinamarca, que agregados alcanzan un 11.59% de las publicaciones a nivel internacional.

América Latina posee una baja participación en producción de investigaciones en el área. Solo Brasil tiene presencia en la lista de 25 países, con un 2.02% del total, con 77 publicaciones en el periodo. En la región se publicaron 139 investigaciones entre 1995 y 2019, un 3.44% del total mundial.

Ninguna universidad de América Latina está en el top 25 de instituciones que publican sobre Economía Circular. El ranking lo lidera la Universidad de Delf de Países Bajos, seguida por la Asociación China de Ciencia y Tecnología, las universidades chinas de Tsinghua y Shanghái, y la universidad de AALTO en Finlandia.

Estos datos confirman un desafío conocido. América Latina y Chile en particular deben poner a la ciencia, tecnología e innovación (I+D+i) como una necesidad urgente para avanzar hacia la Economía Circular más allá del slogan. Si queremos transformar los procesos lineales de producción, debemos contar con soluciones de base científica que permitan innovación a un nivel que todavía no existe en la región. Pero esto no será posible si nuestra inversión en I+D+i sigue siendo menor a un 1% del PIB y de carácter procíclico.

Para que la Economía Circular se desarrolle requiere que la academia en la región aumenten sus investigaciones. Debemos lograr un contrato social que la posicione como parte de las estrategias nacionales de desarrollo y aumente los recursos para generar conocimiento, tecnologías e innovación a disposición de la industria, gobiernos y sociedad. De otra forma seguiremos estando en los vagones finales de un tren que avanza y que pone a sus actores como parte activa de la sociedad del conocimiento y la construcción de sociedades sostenibles.


Andree Henriquez

Centro de Innovación y Economía Circular-CIEC. 

Doctor (c) en Administración y Negocios de la U. de Chile