Javier Arroyo, cofundador de Smartick

La enorme deuda digital de los colegios chilenos

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Cartas al director

Sr. Director,


El mundo evoluciona hacia una cultura digital cada vez más exigente. Una tendencia que, además de modernizar a la sociedad, propicia el desarrollo de entornos empresariales inteligentes en los que la conectividad, el análisis de datos y tecnologías como la inteligencia artificial juegan un rol más que determinante. Se trata de una coyuntura en la que la educación deberá estar perfectamente alineada para ofrecer a los profesionales del mañana la formación adecuada para responder a los retos de la era de la industria 4.0.

Esta situación que se presenta como un desafío para gran parte de los sistemas educativos del país, principalmente los públicos, ya que están tremendamente atrasados frente a los retos que plantea la inminente digitalización de las aulas. Chile, a pesar de ser un país con alta conectividad y acceso a la tecnología, necesita contemplar alternativas que permitan que el actual modelo se adapte a ésta y a la cultura de los niños de hoy.

Los expertos concuerdan en que es una responsabilidad urgente, de la academia y de los que están a cargo de las políticas públicas relacionadas con la educación, replantear y optimizar el sistema educativo para hacerlo más competente y llamativo. Los padres de familia y las entidades educativas deben entender dos competencias fundamentales. Por una parte, que los niños adquieran un carácter que les haga tener confianza en un futuro cambiante y eso pasa por fomentar su capacidad de aprender. Por otro lado, una buena formación matemática va a ser muy importante porque es la base de la ciencia y de la tecnología, que son los motores del progreso. Esa sería la situación ideal: niños con un carácter flexible y resiliente, con conocimientos matemáticos y visión humanista sólida.


Javier Arroyo 

cofundador de Smartick