​¿Hay Ascensor Social en Chile?

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Leonardo Moreno

Esta semana ha estado en el debate el gráfico dado a conocer por la OCDE que posiciona a nuestro país como uno donde quienes nacen en situación de pobreza podrían, durante su vida laboral, llegar a ubicarse entre el 25% más rico de la población. A partir de este interesante dato se plantea a Chile como un país con alta movilidad social. Esta afirmación requiere necesariamente ser analizada con más detalle. No es posible hacerlo en estas apretadas líneas, pero al menos intentaremos dar un par de antecedentes para su mejor comprensión.

Lo primero que debemos señalar es que la movilidad social, no es lo mismo que la movilidad de ingresos. Adicionalmente y respecto a esta última, el gráfico de la OCDE, debe ser complementado con nuestra realidad de mala distribución del ingreso. En nuestro país pertenecer al 10% más rico es inalcanzable para el 90% de chilenos. Así, el muro de la extrema riqueza permite que cerca del 1% de la población, acumule cerca del 35% de la riqueza total del país. Entonces la pregunta es: ¿sobre qué parte de la riqueza se produce la movilidad a que se refiere la OCDE? Respuesta: sobre una bastante reducida. Entonces, no es que "el ascensor social esté roto". El problema es que el 90% de los chilenos ocupa un mismo ascensor y el otro 10% ocupa otro ascensor, en otro edificio, bastante distinto.

En segundo lugar y como consecuencia de lo anterior, no existen grandes saltos de ingresos ni de acceso a las oportunidades entre la gran clase media y la población en pobreza. Así, la gran mayoría del país puede subir y bajar algunos pisos, casi siempre en un contexto de vulnerabilidad. De esta manera, sin el 10% más rico, Chile es homogéneo en un marco de riqueza bastante más exigua, y eso, por ejemplo, se debe tener en cuenta en la implementación de las políticas sociales.

Pero nuestra desigualdad se expresa no solo en ingresos muy disimiles, también se vive en oportunidades no equivalentes. Escalar socialmente no es solo mejorar los ingresos, es poder dejar atrás las acumulaciones injustas de desventajas para grandes grupos de nuestra sociedad y el sentimiento de maltrato o menoscabo por la clase social, el género o el lugar donde se vive que experimentan millones de compatriotas.

La evidencia muestra que de la cima nadie se mueve, no se entra, ni se sale (no hay movilidad). En Chile, los privilegios se heredan. Pero, nacer en un hogar en pobreza o vulnerabilidad hoy en día, tiene menos incidencia decisiva sobre los ingresos futuros. También hemos avanzado en el término de algunas diferencias injustificadas. No todo está perdido. Hoy debemos abocarnos con decisión, en la erradicación de las injustas desventajas que se traducen cotidianamente en el maltrato que se vive, en la inseguridad del barrio que se habita, la mala calidad de la escuela, la lista de espera en el hospital, el transporte público ineficiente e indigno. Solo así podremos hablar de verdadera movilidad.


Leonardo Moreno

Fundación para la Superación de la Pobreza