​Envejecer comienza mucho antes de la vejez

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Dominique Masferrer Astrid Caichac

Chile dio este año un paso relevante para enfrentar el envejecimiento: la Ley N° 21.822, ley Integral de las Personas Mayores y de Promoción del Envejecimiento Digno, Activo y Saludable, que incorpora el enfoque de curso de vida y entiende el envejecimiento como un proceso gradual que se desarrolla a lo largo de la vida. El desafío es traducir este principio en decisiones concretas.


El país está envejeciendo, pero seguimos llegando tarde a la conversación sobre cómo queremos envejecer. Solemos hablar de vejez cuando aparecen las pensiones o los cuidados. Sin embargo, el envejecimiento no comienza a los 60 años. Se construye en las oportunidades para alimentarnos bien, movernos, aprender, trabajar, cuidar y ser cuidados, participar y mantener vínculos.


En 2025, un 84% de las personas consultadas en la Encuesta Nacional de Inclusión y Exclusión Social de las Personas Mayores consideraba que Chile estaba poco o nada preparado para enfrentar el envejecimiento. Prepararnos no significa solamente ampliar los servicios para quienes hoy son mayores, sino preguntarnos qué trayectorias estamos construyendo para quienes llegarán a esa etapa.


Desde la perspectiva del curso de vida, asuntos que suelen abordarse por separado forman parte de una misma pregunta: ¿con qué salud, recursos y vínculos llegaremos a edades avanzadas? La alimentación, la actividad física, las condiciones laborales y las redes sociales tienen efectos acumulativos. Salud, educación, trabajo, vivienda, transporte y protección social son políticas de envejecimiento, aunque se dirijan a personas más jóvenes.


Esto no significa que nuestra vejez quede escrita de antemano. Tampoco podemos convertir el envejecimiento saludable en una responsabilidad individual, como si todas las personas dispusieran de las mismas posibilidades. Las decisiones importan, pero se toman dentro de condiciones concretas: no es igual tener tiempo y recursos para preparar una comida saludable que regresar tarde después de una extensa jornada, o vivir cerca de una plaza segura que no contar con espacios adecuados.


Las diferencias también aparecen en los datos. ENDIDE 2022 mostró que el 77,8% de las personas de 60 años o más no estaba en situación de dependencia, cuestionando la asociación automática entre vejez y pérdida de autonomía. Pero la dependencia alcanzaba un 26,7% entre las personas mayores del primer quintil de ingresos y un 14,2% en el quinto. Envejecer es universal; las condiciones en que lo hacemos no son iguales.


Por eso, la nueva ley debe leerse como un punto de partida. Su impacto dependerá de cómo sus principios se incorporen en las políticas públicas y en los entornos cotidianos. Una vereda transitable, un transporte accesible o un espacio para encontrarse pueden parecer decisiones pequeñas, pero sostienen autonomía.


Vivir más es un logro. Ahora debemos conseguir que esos años puedan vivirse con autonomía, vínculos y apoyos. Eso requiere proteger los derechos de quienes hoy son personas mayores, pero también mirar más atrás. Una sociedad preparada para envejecer no comienza cuando sus ciudadanos cumplen 60 años. Se construye durante toda la vida, creando las condiciones para que una mayor longevidad vaya acompañada de autonomía, participación y dignidad.


Astrid Caichac, doctora en Comunicación Social 

Dominique Masferrer, doctora en Salud Pública 

Académicas Universidad Autónoma de Chile 

europapress