Mientras en los últimos días observabamos las imágenes de viviendas amenazadas por las crecidas del río Mapocho en Talagante, surgió una pregunta que como sociedad deberíamos hacernos con mayor frecuencia: ¿era posible anticipar este escenario? La respuesta es sí. La ingeniería no solo construye puentes, carreteras o edificios. También estudia el territorio, comprende su comportamiento y es capaz de identificar amenazas antes de que se transformen en emergencias. Esa es una de las contribuciones más importantes que realizan las universidades públicas al desarrollo del país: generar conocimiento científico para apoyar decisiones que protejan a las personas.
Un ejemplo concreto de ello ocurrió en 2022 en el Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental (DIGEA) de la Universidad de Santiago de Chile. Los estudiantes Gabriel Esteban Albornoz Parra y Brian Fernando Bravo López, bajo la dirección del profesor Jaime Backit Gutiérrez, desarrollaron el trabajo de título "Análisis de los posibles riesgos a los que se exponen asentamientos irregulares ubicados en zonas de restricción en la ribera del río Mapocho, comuna de Talagante, mediante técnicas de Teledetección". Lejos de constituir un ejercicio exclusivamente académico, la investigación empleó tecnología de vanguardia: levantamientos GNSS de alta precisión, vuelos con drones, fotogrametría, modelos digitales de elevación y análisis geoespacial para caracterizar objetivamente la amenaza de inundaciones y arrastre de sedimentos en la ribera del río Mapocho. Lo más significativo es que este estudio trascendió el ámbito universitario. Sus resultados fueron expuestos oportunamente ante las autoridades de la Municipalidad de Talagante, poniendo a disposición información técnica que podía contribuir a la planificación territorial, la gestión del riesgo y la protección de las comunidades.
Las conclusiones fueron contundentes. El estudio identificó aproximadamente 581 viviendas emplazadas en sectores expuestos a inundaciones y arrastre de sedimentos, cifra considerablemente superior a la información disponible en ese momento. Asimismo, advertía que la ausencia de catastros actualizados, la ocupación progresiva de zonas de restricción y la limitada información disponible para las comunidades incrementaban la vulnerabilidad de cientos de familias. La experiencia de Talagante no debe entenderse únicamente como la historia de un excelente trabajo de título. Representa algo mucho más importante: demuestra la capacidad que poseen nuestras universidades para transformar el conocimiento científico en herramientas útiles para el Estado, los municipios y la ciudadanía. Este trabajo refleja el modelo de formación que impulsa este Departamento de la Usach: estudiantes que, guiados por sus académicos, aplican ciencia, tecnología e innovación para abordar problemas concretos del territorio. Cuando la formación universitaria se vincula con las necesidades de la sociedad, una memoria de título deja de ser solo un requisito académico y se convierte en un aporte real para la toma de decisiones y la seguridad de las personas. Nuestro objetivo no es solo entregar una sólida formación profesional, sino también desarrollar investigación aplicada con impacto directo en la calidad de vida de las personas. La experiencia desarrollada en Talagante no constituye un caso aislado. Forma parte de una línea de trabajo impulsado durante años, colaborando con organismos públicos, municipios y diversas instituciones en materias relacionadas con la gestión del riesgo de desastres, recursos hídricos, planificación territorial, infraestructura geoespacial y adaptación al cambio climático. Esa capacidad instalada constituye uno de los principales aportes que una universidad pública puede ofrecer al país.
Hoy enfrentamos un escenario cada vez más complejo. El cambio climático está modificando el comportamiento de los eventos hidrometeorológicos, incrementando la intensidad de las precipitaciones, elevando la isoterma cero y aumentando la ocurrencia de fenómenos extremos. En este contexto, la prevención ya no puede descansar únicamente en la experiencia histórica; requiere incorporar evidencia científica, tecnología y análisis territorial como parte permanente de la planificación. Chile cuenta con universidades, investigadores, estudiantes y profesionales capaces de aportar ese conocimiento. El desafío ya no consiste únicamente en generar más información, sino en fortalecer el vínculo entre la academia, los gobiernos locales, las instituciones públicas y quienes toman decisiones, para que la evidencia científica se incorpore oportunamente en la planificación del territorio y en las políticas públicas. La naturaleza siempre entrega señales. La ingeniería aprende a interpretarlas. Las universidades las transforman en conocimiento útil para la sociedad. El verdadero desafío es convertir ese conocimiento en decisiones oportunas. Porque prevenir siempre será más inteligente, más humano y mucho menos costoso que reconstruir.
Por Dr. Ing. Marcelo Caverlotti Silva, Director del Departamento de Ingeniería Geoespacial y Ambiental (DIGEA), Universidad de Santiago de Chile.