Una respuesta posible y efectiva es diseñar, de manera colaborativa, una estructura flexible pero predecible. Construir una lista de “deseos de vacaciones” con el adolescente, anticipar escenarios, acordar horarios aproximados de comidas y descanso, y establecer reglas claras del hogar reduce la incertidumbre y facilita la participación significativa.
La crianza implica un esfuerzo constante, tanto emocional como práctico. La rutina se llena de terapias, reuniones, apoyos escolares y adaptaciones, y a menudo el bienestar de quienes cuidamos queda en segundo plano.