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Juan David Quijano |
No da lo mismo en qué creemos o en qué creen nuestros hijos, no es igual conducir nuestras vidas de acuerdo a nuestro limitado criterio y visión o poner a Dios en el centro de nuestras vidas y de nuestras decisiones, no es lo mismo pensar que Navidad es una fiesta más o creer que en esta fecha recordamos el nacimiento de Jesús.
Rindamos nuestras vidas a Dios, invitémosle a entrar en nuestros corazones, pidámosle que nos bendiga con el fruto de su Espíritu Santo, que quite de nosotros todo lo malo, el egoísmo, el rencor, los celos, la ira, la envidia, y cosas semejantes a estas que no permiten que podamos alcanzar la verdadera paz para nuestras vidas.
Los padres somos los primeros responsables de enseñar a nuestros hijos que las metas se consiguen con esfuerzo y que muchas veces lleva años lograr lo que se quiere, pero que existe gran satisfacción cuando eso sucede.