Bárbara Veyl



Bárbara Veyl

Las Pymes son, sin duda, uno de los motores que mueve nuestra economía. Las cifras lo confirman: representan el 98% del total de empresas del país y concentran a más del 40% de la fuerza laboral. Desde talleres familiares y emprendimientos en crecimiento, hasta pequeños comercios y proveedores que sostienen la vida productiva de Chile, su impacto es innegable. Sin embargo, ese motor no siempre recibe el combustible que más necesita: la capacitación.


El riesgo es que esta revolución tecnológica profundice las brechas territoriales. Es más, vemos los síntomas en las cifras locales: Tarapacá registra un 8% de desocupación y una tasa de informalidad del 29.7%. No podemos permitir un “centralismo digital”, donde las habilidades avanzadas se concentren en la capital, mientras las regiones lidian con la obsolescencia.