|
Alejandra Stehr |
Chile enfrenta una crisis hídrica que dejó de ser coyuntural y se convirtió en estructural. Sequías prolongadas, eventos extremos más frecuentes y una presión creciente sobre los ecosistemas acuáticos han puesto de manifiesto las limitaciones del actual modelo de gestión del agua. En este escenario, el próximo gobierno no solo heredará diagnósticos ampliamente conocidos, sino también una responsabilidad política ineludible: avanzar de la planificación declarativa hacia la implementación de una política hídrica coherente.
Durante los últimos 15 años hemos estado enfrentado una intensa sequía en la mayor parte del país. Si bien en este período hemos tenido eventos de precipitación importantes en la zona centro-sur, lo que ha provocado importantes inundaciones y pérdidas materiales, a la fecha la mitad de las estaciones de la Dirección General de Aguas, revelan un déficit respecto al promedio histórico (1991-2020).
Se trata de una norma esperada, especialmente, en tiempos de escasez hídrica en la zona centro-sur, lo que pone en riesgo la seguridad hídrica para el consumo humano y la industria.Por eso, valoramos la publicación este mes de un reglamento que pone en marcha esta legislación y fija las condiciones sanitarias básicas para la reutilización de aguas grises, lo que se hace indispensable en tiempos de cambio climático.