​Un enemigo en el hogar

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Jorge Fuentes

El televisor, probablemente, es un infaltable en la mayoría de los hogares chilenos y muchos chistes se han generado en torno a la importancia que se le da incluso en momentos de emergencia como fuertes temblores o terremotos. Hace cinco años un estudio realizado por una importante marca de productos electrónicos concluyeron que cerca del 60% de las casas en nuestro país tiene un televisor, siendo 2,7 televisores el promedio hay por hogar. Es decir, que en aquellas casas donde existen estos dispositivos, existen varios.

Tras media década es fácil estimar que esa cifra ha aumentado, especialmente si consideramos que durante el confinamiento muchos optaron por adquirir un nuevo aparato para poder-tal como consigna el rol que cumple la tv- informarse, entretenerse y educarse. De hecho, en el 2020 se generaron varios récord en materia televisiva, pues no solo creció el número de televidentes, sino que también la cantidad de horas diarias de éstos frente a la pantalla, llegando a la cifra histórica de6 horas y 22 minutos promedio al día por persona, siendo el nivel más alto registrado por el Consejo Nacional de Televisión.

Con estos antecedentes vale la pena preguntarse ¿qué están viendo los chilenos y cómo esto está impactando en sus vidas? Y es que si bien cada día aumenta más el consumo de plataformas de streaming, lo cierto es que en la actualidad ver la televisión nacional se ha transformado en el peor enemigo para la salud mental, pues más allá de los hechos noticiosos de los que debemos estar informados, pareciera que más vale vivir en un eterno encierro.

Partir la jornada con un televisor prendido es iniciar el día con el miedo a ser víctimas de la delincuencia para pasar a la angustia y la ansiedad de llegar a fin de mes con las distintas muestras de la inflación. Una rutina que se incrementa dentro de la parrilla matinal, donde sumamos casos de salud donde surge el temor a enfermarse o las problemáticas vecinales que pareciera ser una invitación a mirar con inseguridad al de al lado. Ahora si no bastó, podemos pasar directo al noticiero de las 13 hrs. Donde podemos reforzar los sentimientos y emociones generadas con las poco auspiciosas noticias.

¿Entonces que hay que dejar de informarse? Claramente no. No se trata de pulular cómo si estos hechos no ocurrieran o evadir una realidad, pues efectivamente estamos ante una crisis económica y hace años que la delincuencia ha ido en aumento. Sin embargo, es necesario tomar consciencia al nivel de atención que le estamos dando a situaciones negativas y las emociones que estas nos generan, disminuyendo la cantidad de horas que destinamos al consumo de contenido que, naturalmente, tiene un impacto en nuestra salud mental.

Por otro lado, parece necesario que los medios pongan atención en lo que puede generar en parte de la población este sobre estímulo de emociones negativas generadas no solo por el contenido y las imágenes, sino hasta por el uso de música de tensión constante que exacerba cualquier emoción, sin la entrega de herramientas para hacerse cargo del efecto en nuestra salud mental.

Así, si las largas horas de información de la “realidad” se mantienen estaremos en la constante encrucijada de tener a nuestro enemigo en el hogar o caer, en la también poco saludable, evasión, mientras que las noticias positivas – que también son relevantes- siguen a la espera de ver la luz. 


Jorge Fuentes, 

Psicólogo y Director de Pranavida