​¿Qué sabemos de los impuestos a la riqueza?

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Gonzalo islas

Faltan pocas semanas para que se presente el proyecto de reforma tributaria del gobierno. Algo que ya sabemos es que incluirá un nuevo impuesto a la riqueza. ¿Qué sabemos de este tipo de impuestos?

Los impuestos a la riqueza neta, popularmente conocidos como impuestos a los “super ricos”, no son un instrumento nuevo. De hecho, en Chile existió uno de este tipo entre 1968 y 1974.

A nivel académico, los trabajos de Thomas Piketty y otros economistas, han puesto en relevancia el aumento de la desigualdad a nivel global y los impuestos a la riqueza neta parecen ser un buen instrumento para reducirla. El propio Piketty, propone un impuesto global de a la riqueza. A nivel político, la idea ha estado presente en el debate en múltiples países, incluido el nuestro.

Sin embargo, en paralelo a este mayor interés académico y político, la evidencia empírica nos muestra que la mayoría de los países en donde existía este tipo de impuesto se ha ido abandonando. En efecto, mientras que en 1990 los impuestos a la riqueza neta existían en 12 países de la OCDE, actualmente, solo están vigentes en 3 (Noruega, España y Suiza).

¿Por qué se han dejado de lado? Se han dado múltiples razones, entre ellas la preocupación sobre los potenciales efectos sobre el ahorro y la inversión, y el temor a la “migración de capital” (aún cuando la evidencia en este sentido es más bien anecdótica que sistemática). Otros autores destacan la efectividad del lobby que han realizado los afectados por este impuesto. Pero probablemente, la explicación central está asociada a las bajas tasas de recaudación, las cuales en los países donde existía tal tributo eran generalmente menores a 0,3% del PIB. Tales niveles de recaudación no parecen compensar el esfuerzo administrativo que demanda este impuesto y sus potenciales problemas de incentivos.

En tal sentido, la experiencia de Suiza aparece como una excepción. En este país, el impuesto a la riqueza neta representa una recaudación de alrededor del 1% del PIB. ¿Qué explica esta diferencia? Principalmente dos razones: primero una mayor base del impuesto, esto es, un mayor número de personas está afecto a este impuesto, y segundo, en la mayor parte de este país, el impuesto a la riqueza neta reemplaza a otros tributos al patrimonio (como, por ejemplo, el impuesto a las herencias). Parece difícil que estos elementos puedan ser incorporados en la versión chilena de este impuesto.

El desafío en el diseño la reforma tributaria es proponer un impuesto a la riqueza neta que contribuya a la recaudación y que no genere incentivos no deseados. La experiencia comparada sugiere que esto no será una tarea fácil.


Gonzalo Islas,

Decano Facultad Ingeniería y Negocios 

Universidad de Las Américas