Lo difícil que será que el Central controle la inflación en Chile

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VICTOR SALAS

La inflación llegó fuerte y tempranamente a Chile (abril de este año) y se ubicó en niveles de dos dígitos (10,5% anualizada), anticipándose a todas las proyecciones que esperaban esos niveles a mediados de año. Esta situación indica que las presiones de precios se mantendrán por más largo plazo, tanto a nivel nacional como internacional, a lo menos hasta la mitad de 2023.


En el país seguirán presentes las presiones, por el aumento de la Demanda Interna, originada en el mayor Gasto del actual gobierno, que utilizará recursos fiscales para financiar medidas de congelamiento de las tarifas del transporte público, de mantención del valor de la canasta básica protegida y el aumento de las asignaciones familiares, fortalecimiento de las líneas de crédito Fogape y préstamos a comerciantes no bancarizados, la entrega de beneficios del IFE laboral, el aumento del ingreso mínimo y, seguramente, se agregará el IFE de invierno (estimado como mayor gasto fiscal del orden de $xxx), todo lo cual mantendrá alta la disponibilidad de ingresos de la población para comprar los bienes y servicios que están aumentando su precio y mantener, a la vez, las presiones inflacionarias. Los mayores gastos fiscales propuestos por el gobierno y acordados, alcanzarán para 2022, alrededor de 275 mil millones de pesos, lo que no representará, sin embargo, presiones significativas sobre los precios. 


Los problemas más bien vendrán desde el exterior mostrando así, que las presiones de precios en Chile tienen un fuerte componente externo, que, si no se considera, no será posible contener la inflación. La ONU estimó recientemente que la inflación mundial se llegará a 6,7% este año y el crecimiento del PIB mundial se ajustará a 3,1%, en casi un punto menos que estimaciones de principio de año. Tendremos alta inflación externa.


Los precios a nivel internacional han subido y se mantendrán altos por algún tiempo, que no es posible pronosticar, es decir, los precios de los productos y servicios externos están altos y en alza a nivel internacional y generan presiones sobre los precios de los bienes que se transan en Chile. La invasión de Rusia en Ucrania aún continua, manteniendo altos los precios del petróleo West Texas Intermediate, WTI, que utilizamos, que han pasado de 71,53 dólares el barril en diciembre 2021 a 114,07 este lunes 16 de mayo pasado, aumentando en 59,4%. También los cereales han aumentado su precio a nivel internacional, en particular el trigo (para el pan) que importamos en más del 50% de nuestro consumo, ha subido 19,2% en el mercado de futuros de Chicago, desde 934 dólares el bushel -27,2 kg- en febrero 27 a 1.114 dólares el 11 de mayo de este año, impulsado alzas internas.  La pandemia sigue un curso de nuevos avances (nuevas cepas se propagan con alta velocidad) que obligan a China y otros países a establecer duras cuarentenas que reducen sus producciones y dificultan la distribución de sus productos. Se espera que el crecimiento anual de China caiga al 2% y que Estados Unidos y Gran Bretaña puedan entrar en recesión. A lo que se agregan los mayores costos de las importaciones, por problemas en la logística de transporte.

 

Algo que a veces pasa desapercibido es que estos mayores precios de los productos externos generan a su vez aumentos en el tipo de cambio, puesto que nuestra moneda se deprecia respecto del dólar porque ahora demandamos más dólares para comprar la misma cantidad de ellos y eso significa que entran al país a mayores precios, tanto cuando son para consumo, como cuando son insumos de producción porque, en este caso, aumentan los costos de producción, que se buscará traspasar a los consumidores.


La incertidumbre política existente en nuestro país también influye en la depreciación del tipo de cambio y sabemos que eso aumenta los costos de las importaciones y los precios internos correspondientes. La incertidumbre política negativa genera salidas de capitales del país y claro, depreciación del peso, para llevarse dólares. Sin embargo, estos efectos aparentemente se han ido despejando en los últimos meses y más recientemente con la entrega del borrador de la nueva Constitución, sobre el cual algunas agencias financieras internacionales privadas manifestaron su satisfacción, lo que quitaría presión al alza de precios por factores internos. Si los agentes financieros nacionales e internacionales reaccionan como esas agencias, entonces no se observarán aumentos de demanda de dólares en el mercado cambiario nacional, ni menos ocurrirán salidas de capitales por este motivo y tampoco el tipo de cambio seguirá depreciándose y elevando las presiones inflacionarias, como había estado ocurriendo con la evolución del tipo de cambio en los últimos meses, que han estado al alza subiendo desde 802,75 pesos por dólar el 20 de febrero hasta 854,73 el 19 de mayo de este año, alzas asociadas con los distintos factores externos y la incertidumbre interna.


A todos los hechos reseñados, que hacen crecer los precios, se unen los llamados efectos de “segunda vuelta” que aumentan las presiones inflacionarias en forma directa por la indexación de contratos en dividendos, arriendos, seguros y otros, o en forma indirecta, porque las expectativas inflacionarias se separan de las que tiene el Banco Central (3% a dos años). La presencia de estos efectos da vida a un proceso inflacionario más permanente donde todos los bienes y servicios suben sus precios, estén indexados o no, lo que hace más difícil controlarlos.


Entonces, si las mayores presiones de precios en el país provienen de factores externos, difícilmente el Banco Central podrá controlar la inflación afectando solo la demanda interna, que es lo que hace al aumentar la tasa de política monetaria, TPM. En ese caso, nuevos fuertes aumentos de la tasa de política monetaria solo podrán provocar caídas de las actividades productivas y desempleo, pero no podrán contener las presiones inflacionarias externas. 


Víctor Salas Opazo

Departamento de Economía

Universidad de Santiago de Chile