La importancia de la norma sobre sostenibilidad de la CMF

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Harold Lou0301pez

El pasado 12 de noviembre, luego de un extenso período de consultas y reediciones, la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) publicó la tan esperada actualización a la norma que regula la información requerida en las memorias anuales de las empresas (NCG Nº461), incorporando temáticas ambientales, sociales y de gobierno corporativo (ASG).

Un hecho, el mercado de capitales global se ha movido cada vez más hacia activos calificados como sostenibles, más que triplicándose en cuantía en la última década (UNCTAD, World Investment Report 2021) con una tremenda aceleración en los últimos años. Los inversionistas del mundo están buscando aquellos proyectos que pueden ser catalogados como sostenibles, para aprovechar oportunidades y reducir la exposición al riesgo de sus portafolios, lo que trae consigo mejores condiciones y oportunidades de financiamiento para los gestores de esos proyectos.

Eso nos lleva al primer adagio, el de las comunicaciones: “lo que no se comunica no existe”. En un mundo donde la información no es perfecta, hay que aterrizar el concepto sostenible a algo concreto. Con cada avance normativo, nos acercamos más a lo que realmente puede llevar la etiqueta de “sostenible” y lo que no. En este sentido, las empresas que tienen una mejor cultura de reportabilidad han sido capaces de identificar y separar lo que puede ser considerado sostenible, para aprovechar los vientos favorables de la inversión. Aquellas empresas que no muestran dicha información, el mercado asume que no es sostenible, pues no tiene la etiqueta, independiente de lo que haga la empresa en sus operaciones. La premisa es “si lo muestra, es porque le importa”.

La nueva normativa de la CMF obliga a las empresas a reportar aspectos que probablemente antes no existían. Informar tiene un costo, pero no informar también lo tiene. Informar, y además de forma estandarizada, ayuda a que más empresas puedan entrar en el radar de los inversionistas hambrientos de inversiones sostenibles.

Pero el beneficio de la norma no queda solo en hacer visible a las empresas que no lo eran, pues aquí entra a regir el segundo adagio. Esta vez ligado al ámbito de la administración: “lo que no se mide no se gestiona”. El obligar a las empresas a reportar, hace que se tenga que medir. Y el mero acto de medir puede cambiar el comportamiento de las personas y las instituciones, tanto consciente como inconscientemente. El hecho de medir permite compararse con otros actores, y a la vez identificar falencias y oportunidades.

Por esta razón, la nueva normativa no solo genera visibilidad, sino que también permite la gestión de la sostenibilidad de las empresas, aspecto fundamentalmente importante para aquellas empresas sin una robusta cultura de reportes. Lo anterior no es solo importante para las empresas, sino que también genera un círculo virtuoso en el que la sociedad y el planeta se ven beneficiados, pues necesitamos que las empresas sean sostenibles en sus operaciones.

Por su puesto que aún es mejorable la norma. Por ahora celebro de que se haya emitido. Por fin.


Harold López

Académico Departamento de Control de Gestión y Sistemas de Información

Facultad de Economía y Negocios

Universidad de Chile