​Amar la patria, amar a Chile

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Manuel Rodríguez en 1818, ante la gran consternación y miedo en los habitantes de Santiago, luego del desastre de Cancha Rayada, volvió el ánimo y la esperanza a los que creían que todo estaba perdido con el grito ¡Aún tenemos patria, ciudadanos!

El 30 de noviembre del 2007, ante un panorama internacional adverso, con ataques terroristas, desequilibrio económico, problemas medioambientales y corrupción política, Benedicto XVI presentaba la encíclica Spe salvi (salvados en la esperanza) con la finalidad de alentar a los hombres que pierden la esperanza y se sienten tentados a caer en el pesimismo y a abandonar sueños. Enviaba un mensaje de esperanza animando a la humanidad a trabajar y esforzarse ante las adversidades y condiciones de los tiempos que se viven.

Ambos mensajes cobran relevancia en esta época del año, estamos en medio de los eventos de navidad y año nuevo. Algunos esperan con ansias un 2021 que promete mejoras sociales y una gran trasformación política y dejar atrás un 2020 que ha sido complejo, pero también que ha significado un punto de inflexión entre el pasado y el futuro de nuestro país. Otros vislumbran el horizonte nublado con temores en materia de relaciones sociales, vida comunitaria, institucionalidad y economía.

El interruptor que debe activar todo el grupo humano que compone Chile para mantener la esperanza viva, es el amor a la patria.

Patria, que no es el Estado que nos gobierna, que no es el sistema económico bajo el que vivimos. La forma del Estado puede cambiar, el modelo económico también, ambos pueden perfeccionarse y adaptarse, pero el valor de patria permanece.

El concepto patria es intrínsecamente problemático, es utilizado, casi siempre en definiciones del tipo de las que se denominan “disociativas”, que importan una elección (“ellos o nosotros”), lo que conlleva a la confusión. Incluso en el mundo especializado del derecho y la ciencia política existe una imprecisión del término, ya que como señala Giovanni Sartori el lenguaje del observador casi siempre se confunde con el lenguaje de lo observado (Sartori, 1979). Por lo tanto, como los conceptos políticos están inmersos en la temporalidad para comprenderlos, exige relacionarlos con el momento en que se aplican.

La palabra patria, es una expresión que supera límites disciplinarios, nos traslada al ámbito de las construcciones, considera razones y sentimientos. Está unida primordialmente a nuestros sentimientos: es apego a un lugar, arraigo en él. La patria, pues, está ahincada en dos arquetipos fundamentales, el paterno y el materno.

La patria pone de resalto un lugar físico donde rige un ethos, unos mores, unos hábitos, creencias, usos y costumbres que, a los que pertenecemos a esa patria determinada, nos resultan familiares y característicos (Bandieri, 2007). La patria pertenece al consciente colectivo del hombre comunitario: en ella y por ella se siente en comunidad. Los romanos hablaban de la pietas, es decir, la pertenencia a la comunidad, relacionándola con el deber (officium). Pietas era veneración y respeto por la patria, los padres, los antepasados; además, sentido de responsabilidad para el cumplimiento de los deberes (officia) respecto de las generaciones venideras (Bandieri, 2007). Por lo tanto, el amor patrio se manifiesta por la amistad civil de los hombres libres asentados en un lugar.

Hoy tenemos un panorama incierto, entre las ideas y las creencias. Entre lo que se tiene y con lo que contamos, ¿con qué contamos? Contamos con la tierra, aire y mar donde nos desenvolvemos (nuestra patria) espacio de creencias donde hemos formado una comunidad (nuestra nación) ordenado por un marco jurídico que nos acomode o no (el Estado) todos integramos.

Y es ahí en la creencia, el elemento fundamental, creencia es certeza, lo opuesto es la incertidumbre, que nos pone en una situación crisis, y lo que se cuestiona en las crisis son las creencias. Hoy la creencia en la patria está en crisis. Se evidencia una desconexión con el espíritu patrio. Nos hemos extraviado, hemos olvidado el motor que une el Estado con la nación, la patria.

La patria es una noción premoderna, tiene una geometría variable. Es morada que se abre en un despliegue de dimensiones, que pueden ir desde el campanario hasta una “patria común” del género humano en el allende. A cada una de ellas corresponden intensidades diferentes del apego. Se trata de fidelidades personales, no de lealtades impuestas. En aquellas diversas dimensiones el hombre encuentra, a cambio, un reconocimiento. Quizás la clave de las patrias y su irrenunciabilidad esté en que en ellas existe encarnación de la comunidad y del vínculo de la philía, con respecto a un “dónde” concreto. (Bandieri, 2007)

En las patrias encuentra el hombre la posibilidad de desenvolver su reclamo de pertenencia y protección. Sí, en las patrias, esa ciudad donde se nació, ese lugar donde se sienten parte y se desarrollan, ese lugar que tuvo que dejar y añora, donde están las raíces, los orígenes, la comida que tanto gusta, también es patria esa que te acogió, que te brindó estabilidad, una nueva familia. Esa patria que se pone junta de pie ante un terremoto, un incendio, esa patria que es ejemplo de solidaridad, ese lugar que es emoción, un estadio lleno de poleras rojas al son de un himno nacional a todo pulmón, ese olor a pan batido o marraqueta crujiente, el reconocerte con otro en un país extranjero, eso es patria, porque es sentimiento, no son solo costumbres o tradiciones, es pertenencia. Están las patrias chicas, la patria grande, la patria de origen, entre muchas otras.

El mundo de hoy, ha ido desdibujado los vínculos y eclipsado el sentido de la convivencia, la modernidad, la idea del cosmopolitismo, pareciera ser contraria a la de patria, la verdad es que no son excluyentes, sólo son interpretaciones asociadas a una conceptualización erradas y sesgadas del concepto nacionalismo. Podemos sentirnos parte del mundo también, identificados con una patria humana, ¿por qué no? Las posturas son variadas, y todas discutibles.

Sin embargo, lo imprescindible es recuperar para Chile nuestra patria mediante la convivencia fructífera de la comunidad vecinal, las confianzas mutuas y la confianza en las autoridades. La invitación de esta reflexión es a trabajar por Chile, como señaló Karin Ebensperguer “Nuestra sociedad cambiaría para mejor si valoráramos la gentileza, el respeto ciudadano, la conciencia cívica y el sentido de pertenencia”. (Ebensperger, 2020)

El pertenecer, es amar a la patria, amar a Chile, respetando a nuestras familias, unirnos a nuestros vecinos para buscar el bien común, colaborar para hacer más digno nuestro barrio, nuestro pueblo o ciudad, interesarnos en todo nuestro país, conocer nuestra historia, sentirnos orgullosos de nuestra cultura, conservarla y darla a conocer, cumplir con responsabilidad nuestros deberes personales y ciudadanos, respetar nuestros símbolos patrios, participar con respeto en las ceremonias cívicas.

Por ello, como señala Carlos Peña, “la tarea es poner una pausa y reflexionar con frialdad y racionalidad acerca de lo que ocurre. (Tercera, 2020) Reconstruir un vínculo, ya que, en la realidad de hoy, los vínculos sociales entre las personas ya no se producen espontáneamente, el único camino que tenemos por delante es reconstruirlos reflexivamente mediante el diálogo. (Tercera, 2020)

Valoremos el esfuerzo de todos los que nos antecedieron, seamos responsables y comprometidos con el futuro. No caigamos en un proceso de orfandad, queramos a Chile, reencontrémonos todos los que viven en esta patria (chilenos y extranjeros) con el cielo azulado, con el mar que nos baña, con los campos de flores y las majestuosas montañas.

La invitación, puede parecer idealista y soñadora, pero los sueños no se cumplen, se trabajan. La invitación es a trabajar por Chile, y no perder la esperanza, ya que, el hombre es, ante todo y, sobre todo, su patria.



María José Piñeiro Tejo

Profesora de historia, geografía y ciencias sociales.

Licenciada en Historia mención ciencia política.

Licenciada en Educación.

Magister en historia política y relaciones internacionales.

Profesora de la Academia de Guerra Naval.


Bibliografía

Bandieri, L. (2007). Patria, nación, estado: “et de quibusdam aliis” . Revista Facultad de derecho y ciencias políticas. volumen 37. número 106, 13-56.

Ebensperger, K. (21 de Diciembre de 2020). Animales políticos . El Mercurio .

Sartori, G. (1979). La Política: Lógica y Método en las Ciencias Sociales. México: Fondo de Cultura Económica.

Tercera, R. d. (04 de Enero de 2020). Obtenido de https://www.latercera.com/la-tercera-domingo/noticia/carlos-pena-no-creo-haberme-equivocado-absolutamente-nada/961001/