Decisiones en tiempos de coronavirus

|

Harald Ruckle 2)

Durante la última década, previa a la pandemia, se introdujo una alta incertidumbre en nuestra vida empresarial y personal. La irrupción de la tecnología empoderadora en cada palma, la emergencia de actores políticos extravagantes, el desmoronamiento del pilar moral de la iglesia y la amenaza ecológica ha cambiado el “balance de poder” de los incumbentes. Se percibió a nivel de países, de instituciones públicas, de empresas y personas. Se cuestiona todo, se pulverizó cualquier base estable en la que pudiésemos apoyarnos anteriormente. Cada vez sentimos menos control sobre el futuro, si lo tuvimos en algún momento. En cierto modo el mundo siempre ha sido así, solo ahora advertimos una aceleración que nos marea, por la rápida penetración con alta volatilidad de simultáneos y sorprendentes eventos.


Hoy con el coronavirus, el panorama se extremó. Un verdadero cisne negro apareció, causando una situación imprevista al mundo. Incrementa la incertidumbre hasta un nivel que parecemos rehenes del destino, hagamos lo que hagamos. Lo complejo es que igualmente tenemos que tomar decisiones. La opción de “wait and see” es bailar en el abismo. ¿Qué hacemos?


Nos enfrentamos con múltiples escenarios futuros, conocidos y desconocidos, y de aterradoras divergencias. La predictibilidad brilla por su ausencia, y asignar probabilidades se asimila a echar dados. Peor, cada escenario, aunque supiéramos que se dé uno en particular, tiene un abanico amplio de consecuencias iterativas en cuanto al comportamiento de los poderes políticos, de los stakeholders y de las fuerzas competitivas y económicas. Sumemos que cada decisión “aun correcta” implica una posterior ejecución, cuyos resultados tampoco sabemos.


Una verdadera pesadilla para los tomadores de decisiones. Bueno, ahora sí, debemos salir de la caja. Para muchos, nuestro pasado educativo y sociológico nos impulsa a pensar linealmente. Un buen análisis solía llevarnos a un  diagnostico relativamente acertado, a partir de allí construimos opciones de acción, las evaluamos racionalmente, y, voila, obtuvimos una decisión; por lo menos una defendible dada la información disponible en el momento. Hoy no disponemos de esa información, o mejor dicho, tenemos muchos datos, desafortunadamente muy ambiguos y hasta contradictorios.


Cuando lo lineal ya resultaba evidentemente simplista, descubrimos las matrices y los círculos, en lugar de flechas, como instrumento de análisis, otro intento de recrear la realidad. Hoy tampoco satisfacen a nuestro afán de comprender el mundo, el actual y menos el futuro. Son puros muletillas para nuestro cerebro limitado que solo es capaz de pensar en dos o tres dimensiones. ¿O de verdad alguien entiende un contexto consistente de, digamos, seis dimensiones? Una vana ilusión.


Volvamos a nuestro problema práctico. Como decidir en tiempos de urgencias de muy corto plazo, combinadas con nuestra ignorancia de como volver a lograr prosperidad “el día después”. Confunde a gobiernos políticos y corporativos, incluso cuesta entender nuestras vidas particulares.


Desde luego, todos somos humanos con las limitaciones descritas. ¿Qué dibujo mental nos puede servir? Quizás un puzle, o visualizando lo desordenado que es nuestro entorno, quizás mejor un mosaico. Por lo menos dan cuenta de las complejas y voluminosas interdependencias y de lo colorido que es la vida mosaica. Cada análisis, aunque sea sofisticado, es una mera pieza, no vale nada por si sola. Tratemos de incrementar la consciencia de la multi-dimensionalidad, existen muchas combinaciones factibles. Algunas, probablemente pocas, encajan, después de mucho esfuerzo, y se configuran en un cuadro perfecto, como un puzle. El mosaico se asoma como más adecuada y prometedora. En lugar de encontrar el futuro, crearlo en el camino.



Como primer paso, cambiar a nosotros mismos, empezando con nuestras ambiciones. Pretender maximizar solo la rentabilidad hoy equivale aceptar jugar a la ruleta, inclusa la rusa. Mejor optimicemos nuestras opciones y nuestra adaptabilidad. ¡Seamos capaces de desarrollarnos en cualquier escenario que nos regale la vida y el futuro!



Harald F. Ruckle
Chartered Director del Institute of Directors UK