La amenaza nuclear rusa: ¿Bluff de Putin o aterradora realidad?

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Este lunes 9 de mayo, Rusia celebró un nuevo aniversario de su victoria sobre Alemania en la Segunda Guerra Mundial. Durante el discurso oficial, el Presidente Vladimir Putin no mencionó, como se esperaba, la decisión de declarar la guerra a Ucrania, sin embargo, señaló los motivos por el cual había sido necesario ejecutar la operación militar especial. En forma clara y sin tapujos, manifestó que occidente preparaba una invasión a Rusia, empleando tropas neo nazis y Bandérvitsi (nacionalistas ucranianos) apoyados por EE.UU., lo cual constituía una amenaza inaceptable para el país. Más allá de lo delirante que puedan aparecer estas aseveraciones, ellas permiten entender la lógica de Putin; la Santa Madre Rusia estaba siendo amenazada, por lo que fue imperioso realizar un ataque adelantado para salvarla.

No es de extrañar entonces que el presidente ruso, desde el inicio del conflicto, haya usado varias veces y sin ambigüedades, la amenaza del despliegue o empleo de armamento nuclear. El 27 de febrero, cuatro días después del inicio de la invasión, en forma pública y con la presencia del Ministro de Defensa Sergei Shoigu y el Jefe de Estado Mayor de las FF.AA. rusas, general Valery Gerasimov, Putin ordenó establecer el estado de alerta especial a las fuerzas de disuasión (fuerzas nucleares) rusas. De la misma forma, ante el anuncio de Suecia y Finlandia de la intención de dar inicio a conversaciones para ingresar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Dmitry Medvedev, Sub-Jefe del Consejo de Seguridad Ruso y aliado político de Putin, señaló que si ambos países, efectivamente ingresaban al tratado, Rusia se vería en la obligación de aumentar su poderío bélico en la región y que “ya no se podría hablar de un status libre de armas nucleares para el Báltico”.

Para los que no han seguido de cerca los últimos acontecimientos de la guerra, los términos Kinzhal, Sarmat, Status-6 y Avangard, parecen más nombres de fantasía de productos farmacéuticos, que la denominación de las nuevas super oruzhiye (súper armas) nucleares del arsenal ruso. En marzo de 2018, en un discurso efectuado ante parlamentarios y altos funcionarios de gobierno, Putin reveló los seis proyectos de armamento estratégico más importantes de Rusia. El encendido discurso, acompañado por impactantes videos y gráfica generada por computadores, fue interpretado como una amenaza directa a los EE.UU., ante el avance del programa de defensa antimisiles balísticos de ese país y su retiro, hace veinte años atrás, del tratado que las regulaba. La claridad de esta amenaza fue de tal envergadura, que uno de los videos exhibidos, mostraba la caída de cabezas de combate nucleares sobre el centro del Estado de Florida.

En cuanto a capacidades de armamento nuclear, de acuerdo al informe del año 2021 del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo, SIPRI por su sigla en inglés, Rusia posee un total de 4.495 cabezas de combate atómicas de distinta potencia explosiva. De este total, 2.585 han sido asignadas a vectores de transporte estratégicos, diseñados para alcanzar blancos a muy larga distancia, fuera del teatro de operaciones, tales como grandes ciudades, emplazamientos industriales o instalaciones militares de gran importancia. Además, posee 1.910 dispositivos de menor potencia, denominadas armas nucleares tácticas, destinadas a ser empleadas dentro del teatro de operaciones, a distancias más reducidas.

Del mismo modo, es importante analizar la doctrina de empleo del armamento nuclear ruso. El 2 de junio de 2020, Putin aprobó la actualización del documento Principios Básicos de la Política de Estado de la Federación Rusa, Sobre Disuasión Nuclear. En el párrafo III de este documento, titulado Condiciones de Transición de la Federación Rusa para el Uso de Armamento Nuclear, se señala que Rusia se reserva el derecho de hacer uso de armamento nuclear en respuesta a ataques nucleares u otro tipo de armas de destrucción masiva, en su contra o en contra de sus aliados, como también en el caso de una agresión empleando armamento convencional, cuando la existencia misma del Estado esté en peligro. Llaman la atención dos elementos cruciales derivados de este documento, el primero es que Rusia no se limita al uso inicial de armamento nuclear y lo segundo, es la relación que se establece entre el empleo de este armamento, y la existencia del Estado Ruso. Volveremos sobre este punto más adelante.

Uno de los motivos del desarrollo de las nuevas armas nucleares rusas, fue el enorme avance tecnológico que ha permitido a EE.UU. mejorar la capacidad de interceptarlas, antes de que estas puedan alcanzar el blanco designado. De los seis proyectos anunciados por Putin, cinco están relacionados con el desarrollo de armas de alcance estratégico, todas las cuales mejoraron ostensiblemente, sus capacidades de penetración de los sistemas de defensa antimisil adversarios.

El nuevo misil pesado Sarmat RS-28, recientemente probado en el cosmódromo de Plesetsk, tiene un alcance aproximado de 18.000 kilómetros, es más rápido que sus antecesores y posee la capacidad de portar entre diez y quince ojivas nucleares de reingreso atmosférico independiente MIRV (Multiple Independent Reentry Vehicles). También puede portar un número no determinado de vehículos planeadores hipersónicos o HGV (Hypersonic Glide Vehicle) Avangard, otra nueva arma de la caja de herramientas nuclear de Putin. Este vehículo puede maniobrar ágilmente, evitando la detección de radares de los sistemas de defensa antimisiles balísticos, desarrollando velocidades entre Mach 20 y Mach 27 (aproximadamente 28.787,5 km/h), lo que hace que sea muy difícil su interceptación. Este dispositivo ya fue probado y se encuentra en fase de producción.

Otra novedad que Putin mostró el 2018, fue el misil hipersónico Kinzhal, lanzado desde aeronaves, el cual tiene un alcance aproximado de 2.000 km y vuela a una velocidad de Mach 10, realizando maniobras evasivas. El 19 de marzo, las fuerzas rusas emplearon este misil portando una carga de combate convencional, contra un blanco militar ubicado en las cercanías de la ciudad de Dulyatin, en el occidente de Ucrania, el cual resultó completamente destruido.

Los otros dos sistemas de armas que se describirán a continuación, son los más espectaculares, en cuanto a diseño y concepción de empleo. El primero es un misil crucero supersónico de propulsión nuclear, aún sin denominación, que le permitiría mantenerse en vuelo en forma permanente. Este misil puede transportar varias cargas nucleares o convencionales, e ir desplegándolas a lo largo de su trayectoria. En el video que exhibió Putin, se muestra al aparato siendo lanzado desde Rusia hacia el Atlántico, para después volar hacia el Pacífico, a través del Mar de Drake, y continuar hacia un blanco, que pareciera encontrarse dentro del Archipiélago de Hawái.

El siguiente sistema es aún más novedoso. Se trata de un torpedo de propulsión nuclear denominado Poseidón o Status-6 (la OTAN lo denominó Kanyon). El tamaño del aparato es impresionante. Su largo es de 24 mts y su ancho de 1,6 mts. Tiene un desplazamiento de 100 toneladas. Este sistema se podría emplear, principalmente, contra instalaciones costeras. Su velocidad máxima sería de 100 nudos, la profundidad máxima de operación de 1.000 mts. y su alcance máximo de 10.000 km. El Poseidón sería lanzado desde los submarinos nucleares rusos de la clase Belgorod y Khabarovsk, los cuales tendrían la capacidad de llevar hasta seis unidades cada uno. Se especula que la potencia de la carga de combate de este aparato sería de 100 megatones (el equivalente a 100 millones de toneladas de TNT), lo cual produciría daños físicos catastróficos, además de una altísima radioactividad en el mar que se mantendría activa durante miles de años. A modo de comparación, las bombas atómicas lanzadas por EE.UU. en Hiroshima y Nagasaki poseían una potencia destructiva de 15 y 25 kilotones respectivamente (15.000 y 25.000 toneladas de TNT).

El domingo 1 de mayo, en un segmento denominado la Isla Hundible, en el programa de noticias de la televisión estatal rusa de horario prime, el conductor del programa Dmitry Kiselyov, mostró los desastrosos efectos que causarían el empleo del Poseidón y del misil balístico Sarmat sobre Gran Bretaña, en una abierta amenaza al primer ministro británico Boris Johnson, después de su visita a Kiev. En resumen, el Reino Unido desaparecería del mapa, hundiéndose en las profundidades del Atlántico.

Después de este sombrío análisis, podemos arribar a tres conclusiones generales. La primera de ellas es que la capacidad del armamento nuclear ruso es real, es potente y es variada, abarcando distintos vectores y medios de lanzamiento de cargas de combate nucleares, lo que haría más probable que alguna de ellas alcance su objetivo final.

La segunda conclusión tiene relación con la demostración evidente de la voluntad política rusa para desarrollar tecnología y mejores métodos de aplicación de su poderío nuclear, incluyendo el desarrollo de sistemas de propulsión atómica, lo que pretende aumentar aún más la efectividad de sus sistemas de armas. Esto, sin duda, hace mucho más creíble la disuasión rusa. Evidencia la existencia de una voluntad política de empleo, además de una capacidad efectiva para ser usada.

Lo tercero, y también lo más preocupante, se refiere a la ambigüedad de los términos empleados en el documento que establece la política de empleo del armamento nuclear ruso. La relación que se constituye entre el uso de este tipo de armamento, con la existencia del Estado Ruso, puede llevar también a asociar esta existencia, con la figura del actual presidente Vladimir Putin, elevando aún más la probabilidad de cruzar el umbral de empleo de armamento nuclear.

Desgraciadamente, no creo que Putin esté blufeando. EE.UU. y sus aliados de la OTAN, deben tomar seriamente en consideración todos estos elementos, ya que un paso en falso o un paso demás en el actual conflicto, podría desencadenar un desastre de características globales e irreversibles. 


Ronald McIntyre

Profesor de la Academia de Guerra Naval

Magister en Ciencias Navales y Marítimas

Candidato a Doctor en Historia en la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso