Desmoronamiento

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Luis Riveros

La democracia depende en gran medida de la solidez de las instituciones republicanas, de la solvencia con la que enfrentan los tránsitos sociales y los retos que los mismos levantan. Cuando decaen las instituciones de la república, se cuestionan las bases mismas de la conformación de ésta, y puede llegar a cuestionarse su misma existencia, como se está haciendo en estos días. Se está debilitando el andamiaje institucional construido y madurado a lo largo de más de 200 años de historia independiente, bajo el supuesto ideológico de que los males que alberga la sociedad se deben precisamente a las eventuales fallas en ese andamiaje, cosa que sólo ahora se estaría descubriendo. Y por eso, se nos quiere llevar a un pasado en que el mundo indígena, que es hoy un porcentaje minoritario de la población, entra en contradicción con las estructuras y devenires de las instituciones de la república. Se cuestiona la existencia misma de la república, su integridad política y la propia existencia y forma de las instituciones más emblemática, como es el Congreso nacional, la Corte Suprema de Justicia, las instituciones de Orden y Seguridad, entre muchas otras cosas. Esta situación se ha visto favorecida por el reblandecimiento de las propias instituciones republicanas, como es el caso del Congreso Nacional y los partidos políticos. Estos dejaron hace años de ser centros de pensamiento y propuestas hacia el país, para ser simplemente clubes electorales sumidos en el mayor descrédito. Han sido parte del proceso de desmoronamiento institucional que estamos presenciando.

Este camino de debilitamiento institucional continúa. En la primera universidad del país, por ejemplo, no son ya motivo central de debate los grades retos en materia académica, sino más bien la discusión en perspectiva política. Se ha dejado de pensar en el país como centro de preocupación de una universidad nacional y público, y ha caído en el debate menor circunscrito a las prioridades políticas. Y este es sólo un ejemplo, de cómo la anomia reinante en nuestra sociedad y la discusión ideologizada respecto a su futuro, han permeado instituciones tradicionales del pensamiento republicano en una amplia visión de futuro. Todas las universidades, especialmente las del Estado, han caído en este camino utilitarista y poco productivo, dejando de lado el estudio y propuesta para el futuro del país y región. Otras instituciones que en el pasado sirvieron como modelos orientadores en materia ética y visión de país, han caído también en el desacreditado debate político en medio de una falta de trascendencia nacional y pérdida del carácter de poder moral de la república que detentaron en la historia de la Nación. Son todos estos síntomas del desmoronamiento que experimenta nuestra sociedad, que ha ido perdiendo capacidad de diagnóstico, en la misma medida en que reinan los discursos llenos de ideología que pretenden, incluso, legar una nueva institucionalidad al país, con un desconocido destino en materias trascendentes, como la necesaria integración nacional y territorial del país.

Es una verdadera demolición institucional en lo que el país se ha empeñado desde hace algunos años. Frente a esto no hay debate desde las instituciones que otrora habrían levantado voces de alerta y comprometido su accionar para un necesario diálogo. Se ha debilitado la democracia, las normas parecen no importar y se erosiona la memoria histórica de lo que fue la república y sus instituciones más emblemáticas. Y después de esto, en medio del humo que quedará después de inútiles batallas, no tendremos siquiera la oportunidad de razonar respecto a lo que se ha perdido, en medio de tanto gesto inmoderado destinado a incendiar el templo de Diana.


Prof. Luis A. Riveros