Inglés: Vehículo de Movilidad Social – ¡Hoy más cerca que nunca!

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Hoy se asoma una oportunidad sin precedentes para lograr la mayor movilidad social justificadamente demandada, y con beneficios morales y económicos para la sociedad. Existirá el acceso a una educación de nivel mundial para prácticamente todos los estudiantes de cualquier edad. Con una condición: saber inglés. Veamos por qué, y cómo aprovechar este salto innovador.


Obligado por la pandemia, el mundo educativo se ha movido hacia plataformas de fácil acceso a bajo costo y a distancia. Claro, una vez superada la crisis del coronavirus, muchas clases serán hibridas. Eso no quita que los establecimientos educativos ya contarán con un nuevo y valioso activo. Millones de clases grabadas, de todas las disciplinas académicas, metodologías de enseñanza ad-hoc para el estudio remoto, para todos los segmentos etarios, desde cualquier rincón del globo y con un alto grado de aceptación por parte de los profesores y los estudiantes.


¿Se imaginan al alumno de un pueblo rural estudiando sus asignaturas con los mejores docentes y en las más destacadas escuelas del mundo? Sin desmerecer la belleza de otras lenguas, seamos prácticos. El inglés es la mejor apuesta, probablemente por un largo rato, dado la relativa facilidad de aprenderlo, y la gran cantidad de instituciones y materiales académicos en dicho idioma. Para hispanoparlantes se agrega que el inglés tiene doble raíces, en el latín (como el castellano) y germánicas. La mitad del camino ganado. Estudiar desde cualquier lado geográfico, a un nivel elevado, o mejor dicho según las necesidades específicas de cada persona, obviamente posibilitará alcanzar en el futuro atractivos empleos y emprendimientos sin fronteras. Manejarse en varios idiomas incrementa la capacidad del cerebro para enfrentar desafíos intelectuales de cualquier índole. La cultura general se expande hacia horizontes insospechados.


Estas reflexiones deberían convencer a cualquiera a embargarse en la aventura de aprender inglés. Conquistar un idioma extranjero es básicamente un tema motivacional. Los jóvenes disfrutan de una alta capacidad de absorber nuevos conocimientos, aunque les cueste un poco conciliar el esfuerzo del presente con beneficios “racionales” de largo plazo.


Aquí nuevamente las plataformas tecnológicas ayudan para incentivar, en el ámbito emocional, a nuestros niños. Las redes sociales son mucho más entretenidos, y extensos, cuando se sabe inglés. Hay etapas en “saber”: entender lecturas, comprender lo escuchado, y finalmente hablar. Así, paso a paso se gana la maratón. El Netflix, o los millones de subidas en youtube, constituyen tanto una motivación como un vehículo para aprender una lengua. Pongamos la película estadounidenses en el audio original, con subtítulos en español. Después, el audio y los subtítulos en inglés.


Desde luego la tecnología solo pavimenta el camino, a la pantalla le falta un motor potente. Para convertir a toda nuestra descendencia nacional en bilingües, necesitamos el apoyo y la energía humana. Chile hoy ya cuenta con miles, sino cientos de miles, de jóvenes adultos en sus veintes y treintas, que han viajado o estudiado afuera, en muchos casos en países angloparlantes. Es una generación generosa que está dispuesta a trabajar en voluntariados de alto impacto social. Seguramente podremos, con una buena fundación a la cabeza, movilizarlos de enseñar inglés a todos los niños del país, lógicamente con el foco en los estudiantes de la educación pública. Ayudará que el progreso de sus alumnos es medible y apreciable, y por lo tanto muy satisfactorio para los solidarios profes part-time. Para la enseñanza del inglés disponemos de material ilimitado y gratuito, tanto audio-visual como letrado.


Después de pocos años, con las puertas abiertas por saber inglés, veremos a este niño del pueblo rural, o de una “población”, estudiando carreras en Harvard, Oxford o en modernas organizaciones del “bundling educativo” como Coursera, sin las históricas barreras monetarias y sociales.



Con este sueño hecho realidad, Chile será otro país. Es posible. ¡Yes we can!


Harald F. Ruckle


Chartered Director del Institute of Directors UK