Tomás Izquierdo: crecimiento irá acelerándose en el año con un mayor aporte de la inversión

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De acuerdo a Tomás Izquierdo, gerente general de Gemines, “ha sido fuerte el deterioro de expectativas sobre el desempeño para la economía chilena el presente año.” Para tener una referencia, apunta, en la encuesta mensual del Banco Central a economistas, en el mes de septiembre del año pasado se estimaba un crecimiento de 3,8%, cifra que baja a sólo 2,8% en la encuesta recientemente publicada para el mes de julio. ¿Qué está detrás de un ajuste tan pronunciado en tan poco tiempo? Izquierdo esboza lo que para la consultora son las principales razones.


Deterioro externo


Según postula, “es evidente, como lo señalan diversos estudios de bancos de inversión a nivel global, que la economía chilena es una de las más directamente afectadas por la escalada de trabas comerciales entre Estados Unidos y diversos países, en especial las que involucran el comercio con China. “

Si bien esta amenaza afecta en general a las llamadas economía commodities, Izquierdo indica que en el caso de Chile el impacto es aún mayor, si se tiene en cuenta que China es nuestro principal destino de exportaciones, con casi un tercio de participación el año pasado, con el agravante que una parte relevante de nuestros envíos son insumos para productos industriales que luego se exportan a Estados Unidos.

Además, a nivel mundial, hay un efecto directo sobre el comercio internacional, el que se ha estancado, con un crecimiento nulo al primer trimestre. “Ello, por si solo es muy dañino para nuestra economía que es pequeña, abierta comercialmente, y con un sector externo, exportaciones más importaciones, muy relevantes como porcentaje del PIB”, advierte.

Hay además un efecto indirecto, según precisa, más difícil de cuantificar, referido al daño de las expectativas económicas a nivel global que se desencadena cuando se incrementa la incertidumbre sobre el futuro del comercio mundial y la globalización. “Hay que recordar que el incremento del comercio mundial que conlleva la globalización, ha sido un motor determinante en el crecimiento económico global en las últimas décadas”, acota.

“Cuando, además, se pasa de una amenaza de guerra comercial tradicional, llámese trabas arancelarias al comercio de bienes, a una de nueva generación, que involucra derechos intelectuales, restricciones a la comercialización de software o trabas a los flujos de inversión, el impacto sobre el clima de negocios y las expectativas se amplifica en forma considerable. Todo lo anterior, sumado a factores más específicos en cada país, ha llevado a una revisión persistente a la baja en las proyecciones de crecimiento mundial para el presente año y el próximo. Este escenario externo, más incierto y menos dinámico, explica también un cierto castigo al precio de los llamados commodities industriales, donde destaca el caso del cobre”, menciona el economista en el reporte de julio de Gemines.

De no ser por la fuerte incertidumbre económica reinante, señala, “los expertos en el mercado del cobre apuntan a que su precio debería ser del orden del 10,0% superior, si se tomara en cuenta la estrechez que se proyecta para el balance entre oferta y demanda para los próximos años.”


Frente interno


Izquierdo indica que “la luna de miel asociada al cambio de gobierno terminó a mediados del año pasado. Se ha producido una fuerte caída en el apoyo político al presidente y su gabinete, y las perspectivas de avanzar a la velocidad requerida en la aprobación de las principales reformas que afectan directamente las expectativas económicas, llámese la tributaria, la previsional y parte de la laboral, se han deteriorado significativamente, tanto por una oposición política bastante obstruccionista, como por errores estratégicos y comunicacionales del propio gobierno.”

De acuerdo al ejecutivo, “el relato del gobierno se ha desdibujado, queda la impresión que se están simultáneamente intentando sacar adelante múltiples iniciativas y que en general el resultado es escaso. Falta foco, en pocas iniciativas centrales, comunicación, respecto de todo lo que se ha logrado, y capacidad de negociación política del ejecutivo, que debe avanzar en limpiar una imagen de falta de transparencia al momento de negociar acuerdos.”

Particularmente grave, según comenta, es tener una imagen del presidente omnipresente en todos los temas y todos los frentes, lo que no sólo lo expone en forma continua, concentrando el desgaste de imagen frente a los fracasos, sino, además, le quita iniciativa y autonomía a su equipo ministerial.

“El cambio de gabinete fue menor, por lo que no tiene alcance para modificar la aprobación del gobierno o generar un significativo cambio de expectativas. Ello de hecho queda reflejado en las encuestas de opinión pública levantadas después del cambio ministerial, donde no se aprecia una mejoría ni en el apoyo al presidente ni tampoco a su gabinete. El acuerdo marco firmado entre el Gobierno y el partido Demócrata Cristiana, en torno a una serie de indicaciones para aprobar la reforma tributaria, es probable que permita su aprobación en la Cámara de Diputados, pero no garantiza el apoyo en el Senado, tal cual lo han manifestado algunos senadores del propio partido de oposición”, sostiene.

Con todo, afirma que el desgaste creciente que registra la imagen de los partidos de oposición, particularmente el caso del Partido Socialista, junto con un incipiente cambio de estrategia por parte del Partido por la Democracia, podrían abrir paso a una actitud menos confrontacional de parte de izquierda, la que junto con la Democracia Cristiana, podría permitir acuerdos al menos en torno a la reforma previsional y, eventualmente, también en la tributaria.

“Lo razonable es que el ejecutivo se ponga un plazo perentorio para zanjar la suerte de estos dos proyectos, Tributario y Previsional. Si dentro de lo que queda del presente año logra aprobar uno o ambos, quedará una sensación de relativo éxito del gobierno ante la opinión pública, a pesar que las concesiones que se realicen desdibujen parte relevante de los proyectos originales. Si terminado este año aún no se logra una aprobación, parece más inteligente retirar el o los proyectos, de manera de no mantener una situación de incertidumbre sostenida en el tiempo”, plantea Izquierdo.

De ser así, enfatiza, la estrategia debería ser avanzar en todo aquello que no implique cambios legales y, por la vía de hacer una gestión más eficiente del aparato público, lograr desentrampar inversión, tanto pública como privada, y contribuir a re-acelerar el crecimiento económico.


Escenario más probable


El entorno económico internacional ha tendido a estabilizarse, incluso las expectativas sobre la economía norteamericana han mejorado en el margen, y el riesgo de una profundización en la guerra comercial entre Estados Unidos y el resto del mundo parece más acotado, si se toma en cuenta el ciclo político de Estados Unidos.

“Efectivamente, de cara a las elecciones presidenciales de fines del próximo año, el Presidente Trump tiene incentivos en bajar los niveles de incertidumbre económica y lograr sostener un buen ritmo de crecimiento, si aspira a una reelección que se sabe que será muy reñida2, apunta el economista de Gemines.

Internamente, añade, aunque a un ritmo por debajo de lo esperado hace algún tiempo, el crecimiento económico irá acelerándose a lo largo del año, con un creciente aporte de la recuperación de la inversión. A esta recuperación contribuirá la minería, que tiene en marcha un fuerte catastro de proyectos para los próximos, la construcción habitacional, favorecida por tasas de interés que se mantendrán en niveles históricamente bajas por al menos un par de años más, y eventualmente el resto de la economía, en la medida que las expectativas dejen de deteriorarse y comiencen una gradual recuperación.

“El crecimiento este año se ubicará algo por debajo del 3,0%, mientras los próximos dos años se situaría en torno a 3,5%, si tomamos la media del rango entregado por el Banco Central en su reciente IPOM de junio”, estima.

Si ese es el resultado, el gobierno de Sebastián Piñera lograría un crecimiento promedio de 3,5%, lo que se traduciría en una importante generación de empleo y mejoría en el nivel de ingreso de los trabajadores. “De ser así, la probabilidad de un nuevo triunfo de la centroderecha en la próxima elección presidencial es bastante alta”, sentencia.