Julio Difícil

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Alain Marchant (Columnista OK)


Julio no partió fácil. Con un paro docente que continúa, economía que no repunta y proyecciones de una posible recesión mundial, las expectativas de crecimiento del Ministro de Hacienda, parecen ser más un deseo y una petición a San Expedito que proyecciones basadas en evidencia económica. Es verdad que Trump no ha hecho la tarea fácil con sus guerras comerciales, pero eso no quita que no hayamos podido despegar o hacer que se prenda el turbo en la economía local. Echar mano a licitaciones y obras de infraestructura es una forma de hacerlo, pero difícil de generar impulso inmediato mientras las arcas fiscales aun siguen bajas y no existe el motor privado que ayude en generar dinamismo y con sueldos que no aumentan como para generar un mayor gasto desde el consumo. La reforma tributaria tan anhelada, para poder simplificar el desastre que nos dejaron Peñailillo y Arenas, se ve compleja desde los anunciados diques que ya mencionó Quintana que preparan para todo proyecto del gobierno. Se necesitará no sólo algunos parlamentarios DC para poder llevar a cabo algo medianamente bueno y que al menos logre generar equidad entre un empresario pyme que actualmente paga más impuestos que un empleado dependiente por la misma renta líquida y con un riesgo de capital mucho mayor. Las ideologías y populismos están desatados en Chile y en el mundo y no hay líderes claros, ni medianamente buenos que aúnen criterios o masas para que los sigan. Todos los liderazgos están cuestionados y los pueblos cada vez más desconfiados de las instituciones. Así es difícil construir diálogos y consensos. Como bien dijo recientemente Vittorio Corbo en una entrevista, ya no se están dando las rentabilidades y crecimientos de otras décadas por ende hay que trabajar y ahorrar más para obtener los mismos resultados, por ende, no esperemos que las jubilaciones futuras sean mejores si es que vivimos más años incluso. Como se ve, el panorama futuro, además de escabroso e incierto, parece que va a terminar con generaciones futuras con una menor calidad de vida que sus padres o abuelos. Dentro de las soluciones no sólo es salir de estas divisiones ideológicas y pugnas por poder político de trabar al que esta en el gobierno de turno, sino de una buena vez, transformar nuestra economía en una economía de pensamiento, de tecnología y desarrollo e innovación. Nuestra economía desde el punto de vista más crudo no dista de los pueblos aborígenes. Seguimos en una fase muy primitiva vendiendo productos que da la tierra, pero vistiendo trajes y comprando celulares, tecnología y aplicaciones que producen otros. Así nuestros julios y nuestros inviernos serán cada vez mas difíciles.


Alain Marchant

General Manager

Seven Seas