El drama de Chile

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Luis Riveros (columnista)


Las imágenes de un grupo de encapuchados que literalmente destrozaban un vehículo de Carabineros en la comuna de Providencia pasaron como desapercibidas.   En otras épocas, pos recuperación de la democracia, eso habría causado repudio unánime. Pero asimismo, las imágenes del grupo de encapuchados que literalmente invadió la Casa Central de la Universidad de La Serena, destruyendo todo a su paso y atacando a funcionarios y académicos, parecieron no sorprender. Por supuesto ya se han hecho virales las acciones vandálicas en el Instituto Nacional, en que eventuales estudiantes lanzan bombas molotov hacia la calle. También son reconocidas las imágenes de la agresión sufrida en la calle por el Presidente del Tribunal Constitucional. Todo eso parece no causar alarma y reflejar un “acostumbramiento” de la opinión pública ante la violencia. ¿Se trata de legítimas protestas en pos de una agenda reivindicativa? Al parecer la inspiración está más en el descontento sobre todo lo que vivimos, la realidad actual, el desencanto con la política y sus actores, todo eso. Pero no justifica esa violencia que por cierto, lo más nefasto, es inspiradora de aún mayor violencia. El paro de los profesores puede ser catalogado de muchas maneras, pero no ha ejercido una violencia de tales proporciones, a pesar de los infaltables encapuchados que actúan con posterioridad a las marchas y manifestaciones. El tema no son las agendas, puesto que poco comprenderán sobre aquellas los anarquistas que ocultan sus rostros para causar daño. El tema es instalar a la violencia como un método “usual” de manifestación, a lo cual nos acostumbran los medios de comunicación. Y respecto a la comisión de delitos, las señales parecen claras: la Justicia se basa en leyes que hacen muy difícil castigarlos. Por ello, seguramente, se deja en libertad a quienes portaban un arsenal en un automóvil; por eso estamos llenos de delincuentes con libertad “vigilada” o provisional, que es una situación ideal para volver a delinquir. Nuestra sociedad se está destruyendo como consecuencia de una violencia ante la cual la fuerza pública debe también actuar con violencia. Esta lógica, rudimentaria como es, nos está llevando al deterioro progresivo, y especialmente a una destrucción de la convivencia ciudadana. La ciudadanía reclama más control, pero somos víctimas de una gran irresponsabilidad que ha acumulado para llegar a esta triste situación.


Luis A. Riveros