El libro de Carlos Peña

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Enrique Goldfarb (columnista)


Me refiero a El Tiempo de la Memoria. El mejor de los cuatro que ha escrito. La gran virtud de este magnífico ensayo es que lo hace a uno repensarse a sí mismo. Y lo hace no solamente porque lo dice un gran pensador, como es él, sino porque se lo cuentan los grandes pensadores de la humanidad, los que son traídos a colación como si fueran actores de una obra de teatro.

No es frecuente encontrar en un solo texto los comentarios de un Heidegger, Freud, Ortega y Gasset, Kant, Hegel ....y hasta del inefable Jorge Luis Borges, referidos a un tema que lo hacen remecer a uno.

En injusta síntesis, injusta porque no se puede expresar lo que es este libro en unas pocas palabras, nos dice que nuestra conciencia, nosotros, somos recuerdos de experiencias pasadas. Pero seguidamente, nos encontramos con la sorpresa que esas experiencias no fueron como las explicamos ahora. Tal como las narramos hoy, ellas son una interpretación actual de las mismas. En síntesis, ellas fueron algo distintas a como las recordamos actualmente. Para más sorpresa, quienes somos ahora, somos nuestras expectativas futuras de nosotros mismos, ya que siempre estamos mirando nuestro futuro, lo que sólo termina en el momento de nuestra muerte.

Nos da la sensación de que somos como los electrones de la mecánica cuántica, estamos en distintos lugares de nuestro tiempo, pero al mismo tiempo.

El hilo de este libro es una magnifica articulación de las ideas de los grandes hombres de la humanidad- no falta ni siquiera San Agustín, el doctor de la Iglesia- en torno a lo que yo estimo, el capítulo central, llamado Políticas de la Memoria, aquellas que los individuos aplican para olvidar ciertas cosas y recordar otras. Entre ellas, naturalmente, episodios traumáticos como las dictaduras, en general, sin detenerse especialmente en nuestro caso, pero pasando tangencialmente sobre él. Y cómo enfrentar la reconciliación. Es un capítulo magnífico, así como todo el libro. La naturaleza humana exige el olvido, porque el recuerdo tormentoso impide la vida. Y entremedio está el perdón o los perdones necesarios para ello. Y las opciones son totalizantes. El perdón es posible en todos los casos, incluso en aquello que es imperdonable, en una audaz interpretación de Jacques Derrida. Más bien, dice, que para ser verdaderamente perdón tiene que tratarse sobre algo imperdonable, porque si no lo fuera, sería poco más que un trámite y no un acto de redención, que nos libere y que nos eleve.

Este libro responde mucho mejor a la inquietud del anterior ¿Para qué sirve la filosofía? Después de leerlo, uno se da cuenta para qué sirve. Pienso que, a lo mejor, Peña no ha reparado en la obra de arte que es su libro. Eso sí debe leerse reflexionando cada tanto. Si lo hacen apropiadamente, al final ustedes no serán los mismos. Serán mejores. Léanlo.


Enrique Goldfarb