Gonzalo Jiménez



Gonzalo Jiménez

Lo habíamos dicho fuerte y claro hace unos meses. La decisión del gobierno de impulsar el proyecto de ley que otorga un mayor grado de autonomía al Instituto Nacional de Estadísticas (INE), aunque tardía del punto de vista del grado de desarrollo del país, va en la línea absolutamente correcta, e implica un importante avance para que la institución evolucione hacia un modelo de governance moderna, responsable y transparente; en su inestimable rol de generación y repositorio de estadísticas acorde con los requerimientos de una sociedad integrada al mundo, democrática y sobre todo, consciente de la primaria importancia que reviste la confianza pública.

No basta con reconocer el importante rol de las élites, lo vital es recalcar los caminos que éstas deben seguir para ser una base de desarrollo sostenible y acorde con las nuevas trasformaciones sociales que está viviendo nuestro país.

Perdamos el miedo a las nuevas reglas del juego, abracemos la transparencia, pero sin trampas y de frentón borremos la letra chica que nos está impidiendo escribir nuevas y quizá mucho mejores historias de creación de valor y de éxito.

Porque no habla nada bien de cómo están funcionando nuestras instituciones. No habla bien de Chile, tampoco de Estados Unidos, el país anfitrión. Pero lo que nos importa es lo que pasa aquí y las señales que representa el último episodio protagonizado por Julio Ponce Lerou.

Probablemente una fórmula de transición - vamos despacio, porque vamos lejos – sea incorporar paulatinamente a las mujeres a las estructuras organizacionales, a través de la figura de directoras suplentes.

Esperamos que los anuncios que haga el Presidente en los próximos días, respecto de los nombramiento pendientes en los Directorios de las Empresas del Estado, vaya en ese sentido y se logre una matrix equilibrada entre competencias técnicas y la tan necesaria capacidad de romper paradigmas que requiere nuestro Estado para dar el salto de modernización, eficiencia y foco en el futuro que todos esperamos.

Sebastián Piñera deberá buscar fórmulas que le permitan manejar y administrar el gobierno con pocas y simples reglas, en un mundo público que, pese al primer approach que tuvieron en 2010, sigue siendo poco conocido y hasta incómodo para los equipos de técnicos de la derecha, más acostumbrados a la dinámica de la empresa privada que a los vericuetos y demoras de la cosa pública.