Enrique Goldfarb



Enrique Goldfarb

Entró golpeando el tablero y se escuchó fuerte. Dio lugar a una lucha intestina, de la que se dice, injustamente, que siempre ha caracterizado a la derecha. Digo injustamente, porque es algo de lo que también padece la izquierda. Si no, es cosa de ver a la Nueva Mayoría con el Frente Amplio, mezcla de revolucionarios, hippies y anarquistas.

n acierto el cambio de hora de la Cuenta Pública del Presidente. Por primera vez en mucho tiempo pude verla completa. Asimismo, me gustó lo que oí. Porque si eso no es narrativa, por lo menos para mi gusto, no sé lo que sería una buena narrativa. Se han hecho muchas cosas y se mencionaron otras que son a futuro, pero era el caso mencionarlas, porque de donde vinieron, se nota que si no alcanza a hacerlas él mismo, no es porque le falten ganas.

l libro que acaba de publicar Andrés Velasco, y que lleva por nombre “El liberalismo en tiempos de cólera”, escrito conjuntamente con un sociólogo y filósofo, Daniel Brieba, tiene un título tan ingenioso como los de los innumerables capítulos y acápites que los autores entregan profusamente. Asimismo, dotado de infinitos ejemplos, algunos, no muchos, no muy certeros, y de citas de pensadores, sociólogos, filósofos, economistas, políticos, etc., conforma un verdadero Readers Digest del momento actual, analizado desde una perspectiva económica, sociológica y política.

Enrique Goldfarb Habitualmente se oye mencionar en los medios, que Chile es uno de los países más desiguales, tanto en el continente como en la OECD, dado que su coeficiente de Gini es tan alto como 47,7, donde 0 es la igualdad absoluta y 100 la desigualdad absoluta.

Corremos un inminente peligro de caer en picada, como sucedió con Argentina y más acentuadamente con Venezuela, producto de la particular forma de gobernar que tiene la izquierda. La izquierda, fiel a su tradición marxista, cree que todo lo que constituye avance y civilización, sus normas, costumbres y reglas consuetudinarias, no son más que invenciones de la clase dominante, léase el 0,01% de los chilenos, para explotar a los ciudadanos.

El revuelo con los medidores inteligentes ha sido digno de Ripley, como se decía antes. A un tema que nadie entiende bien, se le endilgaron los males de Satanás y resulta ser, casi, el culpable de todo.

Frente a la muy buena ley de reforma de la salud presentada por el gobierno, la oposición, y lamentablemente, también intelectuales que no cumplen esa condición, han levantado críticas injustificadas.

No es efectivo que la gente de menores recursos no sea favorecida. Considerando que la semi integración produce que pymes, que en su defecto quedarían exentos del pago de impuestos, entran al cuestionable “honor” de ser contribuyentes activos, y así sucesivamente hasta comprender más de 600 mil contribuyentes que al ascender en la escala de ingresos, aunque cada vez en menor proporción, ve incrementada su tasa tributaria.

La oposición marxista y filomarxista puso el grito en el cielo cuando la DC aprobó la idea de legislar la reforma tributaria, después de supuestos acuerdos entre ellos y este partido, de actuar como un solo bloque para congelar al gobierno en su tarea modernizadora de la economía.

Esto es una mala señal, representativa de que la República de Chile está perdiendo la primera de las calidades de este título: la política ha perdido junto a su republicanismo, la vergüenza.